Foto: Rulo Luna

En búsqueda de los mejores alebrijes de Oaxaca

Estado de Oaxaca
by Rulo Luna Ramos 21 Feb 2019

El que piensa en Oaxaca eventualmente piensa en alebrijes. Estos seres extraordinarios, llenos de color y simbolismo han encontrado la forma de posicionarse como uno de los elementos más distintivos de la cultura oaxaqueña y actualmente —gracias, Coco— son una de las artesanías más conocidas de México en el extranjero. Una visita a los Valles Centrales de Oaxaca fue el pretexto perfecto para emprender la búsqueda en pos de los mejores alebrijes de la región y —de paso— conocer un poco más de la historia de estas criaturas quiméricas inmortalizadas en madera de copal.

**Todas las fotos de este artículo son propiedad del autor**

 

Un poco de historia

Cualquiera que comience a indagar sobre el origen de los alebrijes se encontrará con muchas sorpresas. Aunque la asociación entre estas artesanías y la cultura oaxaqueña es inmediata, Pedro Linares López, a quien se le considera el creador de los alebrijes, nació y creció en la Ciudad de México. Don Pedro tampoco tallaba madera, su oficio era la cartonería y vendía calaveras, Judas y piñatas en el Mercado de la Merced.

alebrijes en oaxaca

Los Judas y las calaveras son dos de los elementos más representativos de la cartonería popular en México.

Pedro Linares se distinguió del resto de los cartoneros en México cuando empezó a elaborar criaturas de características fantásticas en la década de los treinta. Hay fuentes que aseguran que la imaginación de Don Pedro se echó a andar gracias a los encargos que le hacían algunos artistas de la Academia de San Carlos, pero la versión más conocida es tan fantástica como sus propios alebrijes. Se dice que estos extraños seres se le presentaron a Pedro Linares durante una fiebre que lo llevó al borde de la tumba. Las versiones más aventuradas de esta historia mencionan que Don Pedro fue tomado por muerto durante su enfermedad y que se levantó en pleno velorio con la idea que lo volvería famoso en el folclor mexicano: los alebrijes.

Los alebrijes brincaron a la fama internacional en 1975 gracias al documental que Judith Bronowski realizó sobre la obra de Pedro Linares. Cabe mencionar que dicho documental habla casi en su totalidad de la elaboración de Judas y aunque los alebrijes son mencionados, no se abunda en su origen ni en sus características. Don Pedro solamente menciona que la idea de los alebrijes surgió como parte de una “revelación”.  

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A diferencia de los alebrijes de Linares, los alebrijes oaxaqueños son tallados en madera de copal.

Mientras el mundo se enteraba de la existencia de los alebrijes, los artesanos de los Valles Centrales de Oaxaca ya hacían “monos” tallados en madera de copal. Esto no era ninguna moda. El tallado de animales y máscaras de madera en Oaxaca tiene origen zapoteca y ha sido una práctica común de la región desde épocas prehispánicas. Fue en la década de los ochenta cuando Manuel Jiménez Ramírez, un artesano de San Antonio Arrazola, juntó la tradición oaxaqueña con elementos de las obras de los Linares, dando origen al alebrije oaxaqueño como lo conocemos actualmente.  

 

San Martín Tilcajete

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Alebrijes en exhibición en Casa Don Juan. Uno de los talleres más grandes de San Martín Tilcajete.

La primera parada en búsqueda de alebrijes es en San Martín Tilcajete, un pequeño poblado a menos de media hora de la ciudad de Oaxaca, famoso por su carnaval y por el trabajo en madera que realizan los artesanos locales. Llegué a Tilcajete un viernes por la mañana. Me encontré con un pueblito de unas pocas cuadras, con calles sin pavimentar, mucho polvo y sin mucha actividad perceptible; sin embargo, en estas mismas calles se encuentran muchos de los talleres de alebrijes más importantes de México.

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El trabajo en madera en Tilcajete no se restringe a alebrijes. Jerónimo se encuentra tallando una máscara que será utilizada durante las fiestas de carnaval.

En el centro del pueblo hay una pequeña feria en donde representantes de la mayoría de los talleres exponen sus piezas al turismo. Los alebrijes que se encuentran en exhibición no son cualquier cosa. Hay una notable ausencia de esas piezas genéricas que puedes encontrar en cualquier mercado de artesanías mexicano. Por todos lados hay diseños extraordinarios y únicos. En el centro de la plaza hay un par de artesanos labrando madera. En el tiempo que paso ahí le dan vida a un par de peces.  

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Un par de artesanos tallan distintas figuras en la plaza principal de Tilcajete. Así da inicio el proceso que culmina en todo tipo de alebrijes.

En San Martín Tilcajete hay más de 150 talleres de alebrijes, así que hay que elegir bien por dónde empezar. Yo me dirijo a El Sueño Zapoteco. Este es el taller de Dante Cruz, un artesano de tercera generación que ha ganado premios por su trabajo con la madera. El taller de Dante es totalmente familiar y aquí se realiza tanto el tallado como el decorado de los alebrijes. Hay piezas en todas las etapas de producción: algunas recién talladas, otras se están curando en gasolina, un par de figuras de gran tamaño se están secando sobre un pozo y en la mesa de decorado, dos señoras están trabajando los detalles de sus respectivos alebrijes mientras platican en voz baja.

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Los alebrijes pasan por distintas etapas en su elaboración. Aquí, un gran número de piezas están siendo curadas para evitar que la madera se pudra y que no guarde parásitos.

Le pregunto a Dante sobre el origen de los alebrijes oaxaqueños. Me habla sobre la tradición del tallado en madera en Tilcajete y el papel que jugó su familia en la elaboración de estas figuras. Dante menciona que su abuelo inició con la elaboración de juguetes en madera alrededor de la década de los cincuenta y que este es el origen de los alebrijes oaxaqueños como los conocemos actualmente. Al preguntarle sobre San Antonio Arrazola —el otro pueblo alebrijero en los Valles Centrales—, me comenta que la fama de este lugar se debe a favores políticos que se dieron durante el gobierno de Luis Echeverría. Dante dice no preocuparse mucho por la historia que cuentan las fuentes oficiales, ya que “todos sabemos como funcionan las cosas aquí en México”.    

No todos los talleres en Tilcajete son iguales. Mientras que talleres como el de Dante funcionan con poco personal y se jactan de la importancia de dedicarle su tiempo a cada una de las piezas, otros lugares elaboran una gran cantidad de piezas y parecen tener líneas de producción más complejas, con gente que se dedica exclusivamente al tallado o a la pintura. Algunos artesanos defienden que el valor agregado que obtienen las piezas al ser talladas y pintadas por la misma persona, pero en muchos casos, esto resulta imposible debido a la gran demanda que existe de piezas complejas.  

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Cientos de piezas se encuentran en proceso dentro del taller de Casa Don Juan.

En San Martín Tilcajete vas a encontrar algunos de los alebrijes más detallados y originales que has visto en tu vida. En sus talleres hay desde piezas sencillas de menos de mil pesos hasta obras de arte que superan los veinte mil pesos.

 

San Antonio Arrazola

Arrazola también se encuentra a las afueras de la ciudad de Oaxaca. Se llega por un camino larguísimo de un solo carril con un exceso de autobuses de transporte público. Aunque actualmente Tilcajete es bastante reconocido a nivel nacional, San Antonio Arrazola fue el lugar en donde se dio el boom del alebrije oaxaqueño hace casi cuarenta años. Pero, ¿existen diferencias entre las obras de los dos pueblos alebrijeros más famosos de Oaxaca?

Mi visita a Arrazola comenzó con el pie izquierdo, ya que nunca tomé en cuenta el tráfico de la ciudad de Oaxaca y el tiempo que me tomaría atravesarla un viernes por la tarde. Llegué a San Antonio Arrazola poco después de las seis de la tarde y tantito antes de que se metiera el sol. Arrazola es una meca de la artesanía mexicana, pero también es un pueblito de Oaxaca y todos saben que en los pueblitos oaxaqueños toda la actividad termina en cuanto se pone el sol.

Algunos talleres seguían abiertos y me dio tiempo de visitar unos cuantos alrededor de la plaza principal. Me encontré con piezas mucho más baratas que en San Martín, muchas muy parecidas a lo que puedes encontrar en otros mercados de artesanías del estado, pero casi en todos lados tenían figuras con mayor detalle en alguna vitrina especial. No pasaron ni veinte minutos y el pueblo ya estaba completamente muerto. Afortunadamente, pude visitar los talleres de dos grandes artistas oaxaqueños antes de emprender la huída.

La primera parada fue en el taller de Armando Jiménez Aragón, nieto de Manuel Jiménez, a quien se le considera oficialmente como el creador de los alebrijes oaxaqueños. El taller de Armando es también un despliegue de sus logros como alebrijero. Tiene pocas piezas, pero un montón de recortes de periódicos, reconocimientos y fotografías que reflejan algunos de los éxitos en su carrera. A la entrada del taller hay un par de cajas enormes llenas de piezas listas para irse a una galería en Estados Unidos.  

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Armando Jiménez en su taller de Arrazola.

A Armando lo acompaña su hijo, quien se está iniciando en la elaboración de alebrijes. Mientras me muestra algunas piezas en proceso, me comenta que la tradición se saltó una generación, ya que su padre se dedicó al campo y él tuvo que aprender el oficio por su cuenta. Armando es una persona sumamente sencilla a la que parece no importarle su relevancia en el mundo de la artesanía mexicana. Esto también se traduce en lo económico de sus piezas, que si bien son mucho más sencillas que lo que se puede encontrar en Tilcajete, tienen un estilo muy característico que las hace únicas.

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El trabajo de Armando ha aparecido en muchos medios. Este abecedario bilingüe es parte de la serie First Concepts in Mexican Folk Art y está totalmente ilustrado por obras de Armando y su hermano Moisés.

La simple visita al taller de Armando Jiménez valió la vuelta hasta Arrazola y estoy seguro de que regresaré a hacerme con algunas de sus piezas. Pero la cosa no acabó ahí. La segunda parada antes de dejar Arrazola fue en el taller de Luis Arturo Pablo Mendoza, otro de los artesanos oaxaqueños más importantes.

Luis Pablo trabaja desde su casa y apenas tiene un par de piezas a medio terminar. En algún momento trabajó para el gobierno de Jalisco y, según cuenta, llevaba una vida de rockstar con la que pocos artesanos en México se podrían identificar. La década pasada la dedicó a su arte y posicionó sus obras en muchas galerías alrededor del mundo. Actualmente, solo elabora las piezas necesarias para mantenerse y, aunque aún tiene tratos con galerías y compradores importantes, es mucho más selectivo con su trabajo.

La historia de Luis Pablo contrasta con la de muchos otros artesanos de Oaxaca. La artesanía no figuró en su vida hasta que fue adulto y la falta de empleo lo hizo considerar la talla en madera como una forma de subsistencia. A partir de ese momento comenzó a desarrollar un estilo propio que ha ido refinando con el paso de los años. Las obras de Luis Pablo difícilmente pueden considerarse alebrijes tradicionales, pero llevan la escuela de la talla en madera oaxaqueña a otro nivel.

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Una de las obras en las que Luis Pablo estaba trabajando era una réplica de Pepita, el alebrije popularizado por la película Coco.

Puedes encontrar algunas piezas de Luis Pablo en venta a través de internet, aunque la mayoría se encuentran en galerías en el extranjero. Es la forma más sencilla de hacerte con alguna de sus piezas. La alternativa es convencerlo de que elabore una pieza original… pero yo le apostaría a la primera opción.

 

La búsqueda de tu propio alebrije

Si estás decidido y quieres ir en búsqueda de un alebrije para tu colección de arte mexicano, te recomiendo investigar de antemano el trabajo de los distintos talleres en Arrazola y Tilcajete. Puedes hacerlo a través de internet, aunque una mejor opción es darte la vuelta por las muchas galerías de la ciudad de Oaxaca en donde tienen alebrijes en venta. Aunque la oferta de estos lugares es limitada —y probablemente más cara que en su lugar de origen—, sirve mucho ver las piezas en vivo para evaluarlas a consciencia.

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A mí se me pegó esta tortuga que ahora me observa trabajar desde uno de mis libreros.

Ya con una idea más clara, visita Arrazola y Tilcajete. Tómate tu tiempo en cada uno de estos lugares y recorre tantos talleres como te sea posible, platica con los artesanos y comparte con ellos ideas de lo que estás buscando y de tu presupuesto. Te aseguro que no saldrás con las manos vacías. 

 

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