En la Ciudad de México ha habido todo tipo de transportes desde la época prehispánica hasta el día de hoy: carretas, palanquines, diligencias, tranvías, automóviles y autobuses; trolebuses, el metro, bicitaxis y, últimamente, el metrobus. Pero ¿te imaginas que  hace más de un siglo se podía llegar a esta ciudad navegando en un barcos de vapor, e incluso utilizarlos para el paseo dominical en familia?

 

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Foto: @elcolmeme

Guadalajara en un llano, México en una laguna

La gran ciudad de México-Tenochtitlan fue construida sobre lo que era el Lago de Texcoco. La cuenca lacustre del Valle de México estaba formada por los lagos  Zumpango, Xaltocan, Texcoco, Xochimilco y Chalco. Los aztecas extendieron sus terrenos sobre las aguas, una ciudad que era autosustentable debido al uso de las chinampas de siembra. Así, además, se protegía de los posibles ataques invasores de otros pueblos, ya que los canales permitían una  intercomunicación muy eficiente.

 

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Foto: @mesoamerica_
 

Desgraciadamente desde la época colonial (s. XVI) y durante casi todo el siglo XX, los diferentes gobiernos se dieron a la tarea de desecar el lago y entubar los ríos, para lograr más áreas habitables en la creciente ciudad. Ejemplos de ello son el Viaducto Miguel Alemán, que corre sobre el lecho del río La Piedad, o el Circuito Bicentenario, sobre el río Mixcoac. No deberían de resultarnos extrañas, entonces, las inundaciones actuales, si pensamos que las aguas están buscando su cauce natural.

 

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Foto: @pueblodeiztacalco
 

Pero volviendo a lo nuestro, hacia mediados del siglo XIX el Valle de México contaba aún con un magnífico espejo de agua que los habitantes usaban para su esparcimiento.

Las batallas navales durante la Conquista

Isabel Bueno Bravo, investigadora de  la UNAM, publicó en la revista Estudios de Cultura Náhuatl (No. 036, enero de 2005), un artículo titulado  “La guerra naval en el Valle de México”. Ella y otros investigadores describen las batallas navales en los canales que llevaban hacia la ciudad, de la cuales dio cuenta el mismo Hernán Cortés:

“Los naturales de la provincia de México y Temixtitan sabían ya que estábamos en Suchimilco, acordaron de venir con gran poder por el aguay por la tierra […] Y ya que en todo el había dado orden, llega por elagua una muy grande flota de canoas, que creo que pasaban de dosmil, y en ellas venían más de doce mil hombres de guerra, y por latierra llegaba tanta multitud de gente, que todos los campos cubrían.” (Hernán Cortés, en su “Tercera carta de relación”).

 

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Foto: @gtochimani
 

Los canales en la Ciudad de México  eran el vestigio de lo que alguna vez fue la gran Tenochtitlán y sus chinampas. En el centro histórico, los canales llegaban a un costado del Zócalo, al lugar que ahora ocupa la Suprema Corte de Justicia. Ese canal se llamaba la Acequia Real y hoy es la calle Corregidora.

Desde la época prehispánica, la ciudad estaba conectada con Xochimilco y Chalco, por donde se enviaban toda clase de frutas, verduras y flores. El canal que hacía esta conexión por agua se llamaba Canal de la Viga (actualmente la Calzada de la Viga).

 

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Foto: @pueblodeiztacalco
 

En las últimas décadas del siglo XIX se  convirtió en un espacio recreativo, donde la gente podía subir a las canoas y trajineras, especialmente los domingos,  excursiones que les llevaban al lado de grandes casonas y edificios públicos, al ritmo de la marimba y al cobijo de la sombra de los árboles.

 

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Foto: @chilangodeabolengo

Había una vez un barco chiquito…

Para julio de 1850 no solo había canoas y trajineras: el día 21 de ese mes la modernidad llegó a la ciudad en forma de Esperanza, un barco de vapor que surcó las aguas del hermoso lago de Texcoco, con un  motor de 20 caballos de fuerza y cupo para 20 pasajeros.

 

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Foto: @lazarus_turisticus
 

Su primer viaje fue desde la Ciudad de México a la población de Chalco. A partir de entonces y en pocos meses, fueron llegando más embarcaciones de ese tipo, llevando alegres pasajeros de lo que hoy es La  Villa, Tacubaya, San Ángel y Tlalpan hacia las poblaciones de Santa Anita, Iztacalco y Xochimilco.

Para que te des una idea, el Diario Oficial publicó en octubre de 1853 que el vapor General Santa Anna estaba ya al servicio del público. Salía del Paseo de La Viga e iba hasta el pueblo de Mexicaltzingo. Hacía dos viajes entre semana y tres los domingos y días feriados. Este barco en particular ya no era tan pequeño, porque podía albergar unos 200 pasajeros, medía unos 20 metros de largo por 3,5 de ancho y  contaba con un salón con capacidad para 60 personas. Los viajeros salían a las 9 de la mañana y a las 3 de la tarde y regresaban antes del mediodía  y a las 5 de la tarde.

 

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Foto: @lazarus_turisticus
 

En la garita de La Viga se recomendaba a los paseantes llevar consigo  naipes, catalejos, abanicos, sombrillas e instrumentos musicales, para disfrutar del paseo.

Esos barcos de vapor dieron muchas horas de recreo y diversión, aunque no faltaron los incidentes: En 1869, el vapor de nombre Guatimoc realizó seis viajes de prueba antes de hacer una invitación formal al entonces Presidente Benito Juárez, para que se uniera a un recorrido. Se planeó un evento público donde la gente vitoreaba a Don Benito entre música y cohetes. El vapor zarpó y, unos metros más adelante, estalló una de las calderas, causando un gran susto al presidente y a su comitiva de invitados. Afortunadamente, no pasó a mayores ya que no hubo heridos que lamentar.

 

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Foto: @excan.tlahtoloyan
 

Aunque no hay abundancia de información al respecto, varios artistas como Casimiro Castro (1855-1856) y J. Campillo, en sus pinturas y litografías de paisajes del México independiente, dejaron plasmada la presencia de estos  barcos y el entusiasmo de la población por ellos. En 1984, la Editorial del Distrito Federal (hoy CDMX), editó el libro “Historia de la navegación en la Ciudad de México”, del escritor Carlos J. Sierra, dando cuenta alguna de estos datos.

Ya para 1890, el Presidente Porfirio Díaz inauguró una nueva línea comercial de barcos de vapor, entre Chalco y México, que no duró mucho, ya que poco después con la llegada del ferrocarril fueron desapareciendo. Además, los antiguos canales se fueron secando. Años más tarde, a principios del siglo XX, el Paseo de La Viga conservó por un buen tiempo su atractivo como lugar de paseo en lanchas y trajineras. El final de esta era es conocido por todos. 

 

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