Desear “provecho”

En México se acostumbra a despedirse de los comensales cercanos que aún están disfrutando de su cena con una mirada, una sonrisa y un “buenas noches, buen provecho”. Me encanta este hábito, lo siento como una generosa bendición regalada entre extraños.

Crédito: rulasmx

 

Pintar las casas de colores

En mi barrio las casas están pintadas de gris, de gris oscuro y de gris clarito. Ah, y hay una azul también que es algo así como la oveja negra (negra-azulada) del barrio. ¡Imagínense si todo el mundo estuviera lleno de casitas de miles de colores!

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Dar serenatas

Como les conté aquí, si hay algo que me encanta cuando estoy en México es que me despierte la música alegre del mariachi en el medio de la noche. Aunque, tristemente, yo nunca haya sido la destinataria de una serenata, no pierdo las esperanzas de que me suceda alguna vez…

 

Comer en la calle

Yo sé que el tema de comer en la calle no es privativo de México, pero donde yo crecí (Argentina) y donde vivo (Estados Unidos) no existe casi o las opciones son muy limitadas (hot dogs, choripanes y paremos de contar). No sólo me gustan los puestitos callejeros por su conveniencia para el bolsillo y para el paladar (elotes, esquites, fruta fresca, agua de coco…), sino porque esta costumbre hace que haya más gente y más vida en las calles.

 

Celebrar a los muertos

Las celebraciones del Día de Muertos tienen lugar en México el primero y el dos de noviembre. Es una fiesta de orígenes prehispánicos, cuyas tradiciones varían notablemente no solo de estado a estado, sino entre los diferentes pueblos. Más allá de cómo se celebre, me gusta muchísimo la idea de tener un día para hacer de cuenta que nuestros muertitos están entre nosotros y recibirlos con su comida, su bebida y su música favoritas.

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La sana costumbre de comprar en los tianguis

En estos mercados, además de apoyar el consumo local, tu marchanta de confianza te dará mucho más de lo que pediste: te tratará de “reina” y de “linda” y va a enviarte a casa con un muy merecido pilón.

Crédito: Lau B

 

Las largas sobremesas

Más si hay chocolate y pancito… ¡Ňom!

Crédito: eduardorobles

 

Subirle a la música como si no existieran los vecinos.

No no, estoy bromeando, ¡no se enojen!

 

Comer comida mexicana

Sí, ya sé, soy una soñadora, ¡pero no soy la única! Imagínense si cada país tuviera un día a la semana en el que sólo se pudiera consumir comida mexicana… ¡Nunca vas a ser el mismo cuando te acostumbres a empezar tu día con un potente desayuno mexicano! Miren la cara de campeón de la vida que tiene este muchacho, feliz destinatario de unos ricos chilaquiles.

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Reírse de absolutamente todo

Yo tengo mucho sentido del humor y no siempre es el más apropiado… Cuando no estoy en México tengo que medirme para no ofender a nadie, pero en México, mi lugar en el mundo… ¡¡¡libre soy!!!! Puedo hacer los chistes más perversos porque sé que siempre va a haber un interlocutor que haga uno peor que el mío. Desde el inocente humor de Cantinflas y el Chavo, pasando por el picante del albur, hasta reírse de la mismísima muerte… ¡Larga vida a las carcajadas made in México!  

 

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