Originalmente y como parte de una profecía, Tenochtitlan fue construida sobre un islote en medio de un pantano, en el Lago de Texcoco, ubicado en el Valle de México.

Con el tiempo, la isla fue ampliada artificialmente por los mexica hasta convertirse en toda una ciudad flotante, lo que se logró a través de obras de ingeniería hidráulica que consistían en relleno, pilotes, canales internos, diques, puentes y acueductos.

Sobre el tamaño de su población, es difícil saber a ciencia cierta una cifra, pues la quema de códices por parte de los españoles incluyó todo tipo de registros. Sin embargo, entre los historiadores las cifras estimadas oscilan entre entre 80 mil y los 230 mil habitantes. Así, Tenochtitlan podría haber superado en cantidad de habitantes a Constantinopla (200 mil habitantes), a París, que en ese entonces tenía 185 mil y a Venecia, que contaba con 130 mil.

El autor Eduardo Noguera estima que la ciudad estaba compuesta por 50 mil casas y habitada 300 mil personas. Esto, tomando como base el estudio de algunos mapas de la época. Por otra parte, Jacques Soustelle incluye dentro de Tenochtitlan a la población de Tlatelolco, que en sus inicios era una ciudad independiente, pero que con el crecimiento del poder de la capital mexica fue absorbida y convertida en un suburbio. Así, calcula 700 mil habitantes, incluyendo a las poblaciones ribereñas y de las islas aledañas.

Los edificios principales de Tenochtitlan fueron el Huey Teocalli (Templo mayor, en la imagen), el Cuauhcalli (Casa de las águilas), el Templo de Tezcatlipoca, el Templo de Quetzalcoatl, el juego de pelota y el Templo del sol.

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Su trazo era en forma cuadricular y, a pesar de no contar tampoco con transporte sobre ruedas, los ingenieros mexica se las arreglaron para que su capital fuese transitable a pie y también a través de canales en canoas, lo que permitía una mayor movilidad y velocidad en la distribución de productos y servicios.

En cuanto a la higiene, Tenochtitlan era muy superior a las ciudades europeas y eso es algo que relata el mismo Hernán Cortés a través de sus cartas de Relación, pues en sus relatos nos deja ver sus impresiones por el grado de higiene que ve en la capital mexica.

Como puedes ver, la diferencia de ambos mundos no puede ser medida por su capacidad de inventar armas para la guerra, pues si analizamos otros parámetros, tal vez Europa salga perdiendo. Digo esto porque, durante el siglo XVI cuando los europeos llegaron al continente americano, se habían consolidado como la cultura con los avances tecnológicos más recientes de la época, lo que les valió como arma para someter a otros reinos y naciones del mundo. Sin embargo, su desarrollo tecnológico se veía reflejado más que nada en su tecnología militar.

Sevilla, por ejemplo, donde vivían 45.000 personas, tenía un trazo redondo, sin simetría y caminos con poca planeación, por lo que carecía de ordenamiento urbano. Su higiene era realmente mala, pues la gente acostumbraba a arrojar sus desperdicios por las ventanas, dejar los restos de los materiales de construcción, derramar aguas sucias, lo que con el tiempo tuvo que ser regulado de forma legal, pues era precisamente la falta de higiene lo que propiciaba la aparición de epidemias.

Ahora veamos qué ofrecía Tenochtitlan a sus ciudadanos según las impresiones de Bernal Díaz del Castillo:

“…y desde que vimos tantas ciudades y valles poblados en el agua y en la tierra firme y otras grandes poblaciones y aquella calzada tan derecha y por nivel cómo iba México, nos quedamos admirados y decíamos que parecía a las cosas de encantamiento que cuentan en el libro Amadís.

Por las grandes torres y edificios que tenían dentro del agua y todos de cal y canto y aún algunos de nuestros soldados decían que si aquello que veían si era entre sueños y no es de maravillar que yo escriba aquí de esta manera, porque hay mucho que ponderar en ello. No sé cómo lo cuento, ver cosas nunca oídas, ni aún soñadas como veíamos…”.

Fuente: “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”.

Bibliografía

“Historia verdadera de la conquista de la Nueva España” Bernal Díaz del Castillo

“La vida cotidiana de los aztecas en vísperas de la conquista”

“Cartas de Relación” Hernán Cortés