Coyoacán es uno de los barrios más lindos y coloridos de la Ciudad de México. Está hecho arboledas centenarias, casas coloniales multicolores, restaurantes y cafés para todos los gustos y presupuestos, y de un sinfín de leyendas, algunas fundadas en hechos que realmente ocurrieron y otras, fruto de la imaginación popular.

Photo: Lau B

Sobre el Antiguo Palacio de Coyoacán, por ejemplo, se dice que ahí se llevó a cabo la tortura de Cuauhtémoc y que fue la residencia de Hernán Cortés. En lo que hace al tormento del tlatoani azteca, no hay documentación que avale esta hipótesis y sí hay evidencia que sostiene que esto ha ocurrido en el centro de lo que es hoy la Ciudad de México . Por otra parte, la también llamada “Casa de Cortés” es un edificio que hoy alberga al  ayuntamiento, pero que se terminó de construir en el siglo XVIII, por lo que es imposible que Cortés hubiera vivido en ella.

Photo: Rulo Luna

 

La muñeca de la Casa de la Cultura

Los vecinos de la Casa de la Cultura Reyes Heroles relatan que, desde hace varios años, aparece aquí  el espíritu de una niña, a quien llaman cariñosamente “la muñeca”. Es una pequeña linda y rubia, que juega durante toda la noche en el patio central. Se dice que ella vivió ahí durante sus primeros años, hasta que murió de una enfermedad fulminante.

 

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Foto: @olegram14
 

Los acongojados padres decidieron mudarse, pero el  pequeño espíritu no ha dejado el único hogar que conoció en esta tierra. Los veladores se refieren a ella como un espíritu amable y, acostumbrados ya a sus juegos, hasta suelen dejarle dulces y pequeños juguetes.

 

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Foto: @garguile
 

 

La nahuala de Coyoacán

Una antigua leyenda virreinal cuenta que  existió un matrimonio joven y al parecer bien avenido. El joven marido no podía quejarse de su mujer, que era  muy guapa, discreta y que, además, cocinaba excelentemente.

Al paso de algunos meses le preguntó: “Querida, tú cocinas muy rico, pero ¿por qué siempre desayunamos moronga?”. Su mujer, sonriente, le contestó: “Recuerda que mi padre es dueño del rastro y lo que no  vende nos lo reparte a sus hijos: a mi hermano mayor le tocan las vísceras, a mi hermana las patas y a mí la sangre”.

El hombre quedó a gusto con la explicación, hasta que un día un amigo del joven lo citó en una taberna para decirle que en el pueblo había un rumor acerca de su mujer, a quien llamaban bruja. “Yo que tú  me aseguraba, espíala y verás de dónde saca la moronga”.

Al día siguiente, antes que saliera el sol, el buen hombre se levantó  al sentir que su mujer dejaba la habitación. Por el pasillo vio cómo ella  caminaba hacia la cocina. La siguió en silencio y cuál no sería su sorpresa al ver, a través del humo del fogón, que su esposa, de espaldas a él, empezó a quitarse la piel y a convertirse en una bola de fuego que salió por la ventana abierta.

El hombre quedó impactado, pero tomó una decisión: recogió la piel de la que él creía su mujer y la quemó en el fogón. Minutos antes del amanecer, la bola de fuego entró a la cocina. Al no encontrar su forma humana, emitió un grito terrible, al mismo tiempo que  se disipó en el aire, dejando como único testigo al joven esposo que, para ese momento, había encanecido completamente del susto. Se dice que el joven nunca recuperó del todo la razón, pero que, a quien se lo solicitaba y le invitaba una copa de vino, le contaba esta historia a detalle. Por si acaso, te contamos qué son los nahuales y cómo reconocerlos

 

 

Los fantasmas del callejón del aguacate

En el Barrio de Santa Catarina se encuentra el famoso Callejón del Aguacate. Alrededor de 1930, llegó a vivir ahí un militar ya retirado, al parecer con problemas mentales por las terribles experiencias vividas  durante la Revolución. Enfundado en su uniforme, todos los días salía a dar largas caminatas por el barrio.

Photo: Lau B

Según la leyenda, había un niño quien,  fascinado con las medallas que el soldado portaba en su uniforme, se le acercaba, pidiéndole que jugaran juntos.  El militar al parecer le ignoraba, pero un mal día, seguramente en medio de una crisis nerviosa, ahorcó al pequeño, dejando como testigo mudo, al  árbol de aguacate que está en la mitad de la calle.

 

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Foto: @armadarodrigo
 

Hay otra versión que se asegura que,  después del arrebato y en un momento de lucidez, el hombre -horrorizado al ver lo que había hecho-, se colgó del árbol. Todo esto fue visto por un extraño personaje, un monje franciscano descalzo, quien dicen mandó a poner un altar dedicado a la Virgen en ese lugar.

Photo: Lau B

Desde esa época los vecinos aseguran que cuando uno se acerca durante la noche al lugar, se pueden escuchar los llantos de un niño. Hay quien afirma haber visto su rostro incrustado en la corteza del árbol. Dicen que, debido al horrible  incidente, en ese lugar se ha practicado brujería, inclusive pactos diabólicos y asesinatos, por lo cual la imagen de la Virgen en la entrada del Callejón llora lágrimas de sangre.

Hay  una historia más reciente, respecto a otro fantasma:  el de una pequeña que murió arrollada por un automóvil que se dio a la fuga, precisamente en la esquina donde se encuentra el altar a la virgen.  Mientras agonizaba, un espíritu malo hizo un pacto con ella para salvarla. Sin embargo, solo la engañó para que su alma quedara atrapada ahí, en lugar de la suya.  Las gentes que han pasado por el lugar durante la madrugada dicen que han visto deambular a la pequeña y que, entre las dos y tres de la mañana, se la escucha reir.

Photo: Lau B

 

El monje de la Plaza de la Conchita

Se dice que en los años 40 del siglo XX había una la línea de tranvías que iba del centro de Coyoacán a San Ángel, en el que muchas noches abordaba un fraile franciscano con los pies descalzos, justo en el cruce de Melchor Ocampo y Francisco Sosa.

Photo: Rulo Luna

Subía siempre en el último tranvía del día y pagaba con pequeñas piedrecillas que semejaban un puñado de huesecillos. Pasando frente a la casa de Pedro de Alvarado, el chofer y los últimos pasajeros aseguraban que no sabían cómo ni dónde se había bajado del tranvía.

 

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Foto: @ludkus
 

Otros vecinos cuentan que ese mismo monje podía ser visto, traspasar a altas horas de la noche la puerta de la Iglesia de la Conchita (que ya había sido bien cerrada por el sacristán), y que acostumbraba dar solitarios paseos con su rosario en mano. Las parejas desveladas y uno que otro borracho aseguran que aún tropiezan con él y que solo les sonríe, sin pronunciar palabra alguna.

¿Te quedaste picado con estas leyendas? En pleno centro de Coyoacán, justo frente a la Iglesia de San Juan Bautista, podrás abordar un tranvía con narrador, que te lleva por un recorrido de unos treinta minutos por los rincones donde estas historias y otras más cobran vida. Sé valiente y atrévete  a hacer el viaje, justo al caer la noche.