Crédito: Eduardo Given

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A llorar pal valle.

Casi todos le hemos dicho esto a un amigo. Esta frase va dirigida por lo general a una persona que no siguió consejos en su debido momento o tomó malas decisiones. “Te dije que no volvieras con ese tipo, ahora a llorar pal’ valle”

 

Está peluo.

No se trata de grandes cantidades de pelo en medio del camino. Esta frase la usamos casi a diario para referirnos a algo que es difícil de lograr, como “ese examen estaba peluo” o “conquistar a esa mujer es demasiado peluo”. Nuestra fijación léxica con esta familia de palabras también se observa en el siguiente término.

 

Un pelo.

Usamos este término para crear diferentes expresiones: “Quédate un pelo más en la fiesta”, “espérame un pelo que me falta cepillarme”. Básicamente queremos decir que se trata de algo corto o pequeño. A veces la variamos por “un pelín”, que es incluso una medida menor: “dame un pelín de tu jugo para pasar el bocado”.

 

Parar bolas.

Aunque usada en otros países latinoamericanos, es muy de venezolano decirla. Se refiere a prestar atención, o mejor dicho, a no hacerlo. Generalmente la usamos para quejarnos con otra persona cuando no nos oye o no nos mira: “no me estas parando bolas” o “deja de ver la TV y párame bolas”. Incluso podemos referirnos al que nos gusta y no nos corresponde: “el chamo no me para bolas”.

 

Corta nota.

Es una expresión bastante flexible… Un corta nota puede ser una persona que te interrumpe justo cuando estabas en medio de algo interesante, un negativo que siempre le ve el lado oscuro a las ideas, y hasta alguien que te cuenta el final de la última temporada de Game of Thrones. “Tremenda cortada de nota, papá eso no se hace”.

 

Ser ladilla.

La ladilla, ese insecto parásito que suele situarse en zonas íntimas y convertirse en una tortura para su portador, dio origen a esta analogía. Usamos el término para calificar a alguien que es insoportable o a una situación aburrida o incómoda: “mi hermana es una ladilla, no la invites” o “estaba ladilladísimo en esa fiesta, así que me fui”.

 

La Jeva.

Aunque la mayoría de las venezolanas odiamos esta expresión informal que sustituye a la palabra “mujer”, es comúnmente utilizada por los jóvenes para hablar en tercera persona de nosotras. Un hombre podría decir “mi Jeva es odontóloga” o “esa Jeva sí es fea”. Es un término -urbano- que se refiere a una “chama”, “chica”, novia o conocida. Y sí, suena terrible, porque aunque no necesariamente sea un vocablo machista, suena a “ella es mi hembra”.

 

Te va a morder un peluche.

La viveza es una virtud Y un defecto del venezolano. No hay situación a la que no intentemos sacarle provecho. Pero cuando hay uno que se quiere pasar de listo, se le dice “Mi’jo, te va a morder un peluche”, o “te va a atropellar un carrito de helado” o “no vuelas porque te enredas en los cables”.

 

“¿Pendiente de una playa este fin?”

Según la Real Academia Española, estar pendiente es estar sumamente atento o preocupado por algo que se espera que vaya suceder o está sucediendo ahora. Sin embargo, como los venezolanos somos frescos y espontáneos, esta es una manera simple de mostrar interés hacia una actividad e invitar a alguien informalmente. Por ejemplo, cuando invitas a tus amigos a tomar unos tragos, nada de diplomacia: con “¿pendiente de unas birras?, ¿qué hay pa’ hoy?” es suficiente.

 

Me tienes hasta la coronilla.

Esta frase es un tanto old school, generalmente empleada por madres, abuelas o tías. Hace referencia a una persona “ladilla” que lleva a otra al límite, sobrepasando sus niveles de paciencia.

 

Cara e’ Tabla.

Es común en el vocabulario juvenil, y es un término que ha evolucionado de la expresión “cara dura”. Como se habrán dado cuenta, significa ser “descarado”. Y ejemplos… sobran.

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