Día 3. De Caná a Ilanía

Nos alojamos en la Cana Guest House, donde mis hijos fueron absolutamente consentidos con dulces y otras delicias por nuestros anfitriones. Durante el desayuno nos despedimos de un grupo hermoso de caminantes que conocimos en el sendero. Para mi sorpresa, la mayoría de la gente (muy poca) que está andando este camino, no lo hace por motivos religiosos (nosotros tampoco), sino para acercarse más profundamente a las tradiciones y a la realidad de las diferentes culturas que habitan esta tierra.

Photo: Lau B

Antes de irnos de la ciudad visitamos la Iglesia de las Bodas de Caná, donde una docena de parejas católicas estaba justo renovando sus votos matrimoniales. Llegamos diez minutos antes del beso, y claro que -como en toda boda-, yo lloré.

Photo: Cacheman | Shutterstock

Retomamos el sendero y atravesamos paisajes bellísimos. ¡Creo que ese día vimos como mil tonos de verde! En Ilania nos alojamos en Pina Besagara, y nos encantó. Hay una alberca de agua climatizada, juegos para niños, la comida nos gustó mucho y nuestros anfitriones fueron super atentos y hasta nos prepararon lo que había sobrado del desayuno (que era mucho) para que nos lo comiéramos durante el sendero.

Photo: Lau B

Día 4. De Ilania al Kibbutz Lavi.

Empezamos el dia con un desayuno super rico (la comida en Israel y en Palestina es de-li-cio-sa) y después arrancamos con la caminata. Según la guía “Walking the Jesus Trail” anduvimos por una antigua ruta construida por los romanos, que nosotros -con imperdonable ignorancia, jaja- subestimamos por unas cuantas rocas sueltas que, eso sí, nos ayudaron para evitar andar por el barro al principio.

Photo: Lau B

Después sí ya fue inevitable el lodo (el invierno de 2019/2020 fue uno de los más lluviosos de la historia en esta parte del mundo). La caminata en el barro y entre las vacas fue divertida y ese día mis hijos aprendieron la palabra estiércol… Otros viajeros nos habían recomendado utilizar este calzado de última generación y eso marcó la diferencia, ¡por veinte minutos! Las bolsas rápidamente se llenaron de lodo también y, nosotros, de risa (y de un poquito de estiércol también, jeje).

Photo: Lau B

Luego de pasar por un monumento muy emotivo que recuerda a las victimas del Holocausto, llegamos al Kibbutz-Hotel Lavi (super recomendable, exiquisita y casera la comida servida estilo buffet, tantas opciones, no pudimos probarlas todas, ¡hay que volver!). En el hotel nos relajamos en la alberca y en el sauna. Por la noche, nos ofrecieron a los extranjeros una charla y la oportunidad de hacer preguntas sobre la vida en el kibbutz. Fue muy interesante, especialmente porque este es uno de los pocos kibbutzim (plural de kibbutz) religiosos que aún quedan en Israel.

Ver el Día 5, 6, 7 y 8 del Sendero de Jesús en la siguiente página, que llega hasta el final del camino.