¡Toques, toques!

Estábamos con unos amigos en el Salón Tenampa, en Plaza Garibaldi, cuando entró al lugar “el señor de los toques”, armado con una maquinita como esta, de la que sobresalían dos cables.

Sin pedir muchas explicaciones, hice lo que mis amigos me pidieron: nos dimos la mano en una ronda, que se cerró cuando dos de los participantes tomaron, cada uno, un cable.

El señor de los toques levantó entonces la perilla, se escuchó un zumbido y la electricidad comenzó a correr despacito por nuestros cuerpos. Carcajadas, gritos eufóricos, la electricidad se sentía cada vez más fuerte y, luego de varios segundos (¿un minuto tal vez?) las risas se transformaron en muecas de incomodidad. Alguno ya no aguantó más, se soltó, y se terminó la electrificante diversión. Aunque, eso sí, todos estábamos mucho más relajados.

Ay México, ¡el único lugar en el mundo en el que pagás para ser electrocutado! 😉

¿Quesadillas sin queso?

Los extranjeros que visitamos por primera vez la Ciudad de México llegamos muy entusiasmados por la gastronomía mexicana, declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Casi todos tenemos una listita de las cosas que queremos probar y, con ella, nos dirigimos al mercado local y, muy emocionados, ordenamos “una quesadilla de huitlacoche y una de flores de calabaza, por favor”.

¡No vemos la hora de degustar algunos de los ingredientes que ya andaban dando vueltas desde la época prehispánica! Y nada mejor que hacerlo en una quesadilla rebosante de… ¿queso?

La lógica indica que una quesadilla debería siempre llevar queso pero, en la Ciudad de México, esto no es así y, si quieres una quesadilla con queso, debes expresamente ordenarla con aquel ingrediente (“una quesadilla de huitlacoche con queso, por favor, y otra de flores de calabaza con queso”).

El origen de esta costumbre es desconocido, aunque seguramente tenga que ver con que sí, en un comienzo se denominaba así a las tortillas con queso fritas, pero luego se empezaron a utilizar otros ingredientes y quedó el nombre, aunque el queso perdió protagonismo y quesadilla pasó más bien a designar la forma y no el contenido. Esto solo en la Ciudad de México, ya que en el resto del país una quesadilla, por definición, siempre lleva queso.

Todo parece indicar que la palabra “quesadilla” es un derivado (un diminutivo) de “quesada”, platillo español hecho con queso y algún dulce. Según el Diccionario de la RAE, la quesadilla mexicana es “una tortilla de maíz rellena de queso u otros ingredientes que se come caliente”.

Por si no nos queda claro: puede llevar queso… o no. Aunque vale aclarar que esta definición de la acepción es relativamente reciente, producto del uso que la palabra tiene en Ciudad de México y no al revés.

¿Cuál es la diferencia entre la quesadilla y el taco?
La quesadilla es una tortilla que se dobla para adoptar una forma de letra “D” mayúscula y que se cocina en seco o se fríe en aceite (foto 1). El taco solo se dora en su versión cilíndrica (flauta, foto 2).

¿Sí? ¿No? ¿Ahorita? ¿En un ratito? ¿Muchas gracias?

No sé bien por qué, pero en la cultura mexicana decir “no”, así sin pelos en la lengua y de forma directa, está mal visto. No se trata de que te mientan, sino de que hay otras formas más sutiles de expresar la negativa a hacer o a aceptar algo que se ofrece, lo que -aunque bien intencionado-, no deja de ser confuso para los extranjeros, especialmente para aquellos que venimos de cultura donde se cuidan menos las formas.

Por eso, hay una batería de términos que vas a escuchar que, sin expresar ni sí ni no ni blanco ni negro, significan “NO”. Entre ellos se encuentran “Quizás”, “Muchas gracias”, “Estamos en contacto”, “En un ratito”, “Yo te aviso”, “Sí, nada más dame chance”, “Ya merito”, “Espérame tantito”, “Aguántame”, “Momentito”, “Al ratito”, “Ya casi”, “Nomás termino esto”, y el famoso “Ahorita”.

El “muchas gracias” es el que más tardé en entender. Se me acercaba un vendedor ambulante, por ejemplo, y yo decía con mucha amabilidad “No, gracias, ahora no”. ¡Decía “no”! ¡Dos veces! Sin embargo, y luego de convivir con amigos mexicanos, fui aprendiendo que, con solo responder “muchas gracias”, quien me ofrecía un producto o servicio que yo no necesitaba seguía su camino. Nuestro colaborador (mexicano) Kiev Murillo lo explica aquí muy claramente:

“Esta es una de las frases que más confunden a los extranjeros. La lógica indica que, si alguien te ofrece algo y respondes de forma agradecida, estás aceptando aquello que te ofrecen… excepto en México. Aquí el significado es todo lo opuesto; no importa si es un vendedor ambulante, un limpiaparabrisas o un vendedor de tarjetas de crédito, rechazamos lo que nos ofrecen con un agradecimiento, como si se tratara de agradecer por adelantado la intención de sus servicios, pero sin aceptarlos”.

No sé si la explicación aclara u oscurece, pero “muchas gracias” por leerme.

Voy a terminar con una de mis palabras favoritas: me encanta el “ahorita”. Es tierna, musical, pícara y, además, me ayuda a hacer las pases son los misterios insondables del Universo. Estas son algunas de las definiciones de nuestro lectores:

  • “Período comprendido entre “justo ahora y posiblemente nunca”.
  • “Ahorita: tiempo que nunca llega”.
  • “Cuando le decían a mi hermanito “ahorita, espérame”, respondía: “¡ahorita es tardarse!”.
  • “Equivale a un viaje interestelar de quien la dice (el tiempo pasa muy lento) y una eternidad para quien el “ahorita” fue dirigido”.
  • “¡La ETERNIDAD!”.
  • “Sin tiempo ni hora exacta; es decir, ¡quién sabe!”.
  • “Es el lapso de reflexión trascendental sobre los universos paralelos y los caminos inimaginados por los que nos podríamos decantar… en caso de tomar la decisión de cumplir nuestra palabra”.
  • Este término me enseñó que, cada vez que lo escucho, tengo que respirar hondo y entregarme con confianza a la vida, a los designios de Dios -o como llames a esta fuerza superior-, y confiar en que todo lo que está destinado a suceder encuentra su camino para hacerse paso. Ya sea ahora, ahorita, ahora en poco tiempo, en dos meses, en tres años. O nunca…