¿Y si te digo que en México hay una planta milenaria que -se cuenta, ¡yo no lo he comprobado!-, sirve para enamorar? El toloache se utiliza desde hace siglos para preparar brebajes con la intención de enamorar al hombre o a la mujer deseados. Pero hay que tener cuidado, porque no todo es lo que parece.

El nombre científico es Datura, que es un género perteneciente a la familia de las solanáceas, y cuenta con doce especies. Por eso, vas a escuchar que se lo nombra como “el toloache” o “los toloaches”.

Se los conoce también con los nombres de chayotillo, frizillo, tapete, tlapa, tlaquoal, estramonio, hierba del diablo, chamico, hierba hedionda, nacazcul, tapate, tlapa y tepate. Esto en español.

En tanto que en diversos idiomas nativos se los llama azacapan-yxhuatlazol-patli (náhuatl), mehen-x-toh-k`u (maya), taac-amai`ujts (mixe), toloatzin (náhuatl), héhe caroocot (seri), torescua (purépecha), xholo (zapoteca).

El toloatzin (ahora conocido como toloache), que se traduce del náhuatl al español como “cabeza inclinada”, posee muchas propiedades curativas. Sin embargo, y como todo en esta vida, si se consume en exceso puede ser contraproducente.

Los toloache tienen un alto grado de toxicidad, debido a que contienen alcaloides cuyo consumo afecta al sistema nervioso. Algunos de los síntomas son: aumento de temperatura corporal, pérdida de la memoria inmediata y alucinaciones.

Por todo ello se los ha satanizado aunque, en las dosis correctas, estas florcitas sirve para aliviar el asma, las hemorroides, los hongos en la piel e incluso como un sedante natural.

El toloache crece en lugares abiertos y con mayor frecuencia cerca de las corrientes de agua.

¿Y cuál es su lugar dentro de la cosmovisión nativa de México?

Según los wixarika, de quienes te hemos hablado, Kieri -que es como llaman ellos al toloache-, se enfrentó en una ocasión a Kauyumari, que es nada más y nada menos que el peyote, siendo este último quien resultó perdedor.

Desde entonces, a ambas plantas se les considera antagónicas: Kauyumari es el defensor e intermediario de los curanderos, y a Kieri se le considera una flor protectora de los brujos. De ella se cuenta la siguiente leyenda en forma de advertencia:

“Con la encantadora música de su violín, Kieri atrae a los incautos y los convida a que prueben sus hojas, sus flores, sus raíces y sus semillas. Pero quien obedece sus ardides sufre locuras o la muerte; la gente embrujada por Kieri se creerá pájaro, por ejemplo, capaz de volar hasta las rocas más altas, pero a no ser que sea salvada por la ayuda de un chamán y de Kauyumari, encontrará la muerte al estrellarse abajo. O, si cede a las insistencias de Kieri y come más y más de él, caerá en un sueño profundo y nunca despertará, porque solo el marakame sabe de qué manera tratar con un brujo semejante. Sin embargo, uno debe respetar a kieri por su poder sobrenatural, y cuando se le encuentra se deben depositar las ofrendas correspondientes, como flechas de plegarias y cuando se pasa frente su morada rocosa a cierta distancia, hay que hacer apropiados gestos rituales en esa dirección…”.

Fuente: Peter T. Furst “Alucinógenos y cultura”.

Por otra parte, los rarámuri también le tienen gran respeto y la conocen como dkuba, de quien dicen tiene un espíritu muy fuerte, así que no es recomendable que se la arranque o se la toque.

En cuanto a los mexica, ellos consideran a dos especies de plantas similares, el toloatzin y el tzitzit lapat que se traduce como ”mala hierba” debido a sus efectos que pueden conducir a quien la consume hasta la muerte.

Según los códices matritense y florentino, se describe a la tlapatl como una planta medicinal que sirve para aliviar el padecimiento de coacihuiztli -gota-. Sin embargo, como recordarás, los españoles destruyeron gran parte de los registros escritos de los nahuas, por lo que no hay códice alguno que nos revele el poder total de estas y otras plantas, tanto de sus beneficios como de sus contraindicaciones.

Con el tiempo, los historiadores del México antiguo agruparon a este tipo de plantas en un solo género: los toloaches.

Sin embargo, con el mestizaje cultural que se vive en casi todo México, al toloache se le ha perdido el respeto y se le ha utilizado para elaborar supuestos brebajes de amor. Por ello no es raro escuchar en la zona centro y la costa del golfo de México sobre que alguien está “entoloachado”, haciendo referencia a una persona atontada, enamorada, sin voluntad o con una fuerte obsesión por su pareja.

Si funcionan o no estos brebajes es una cuestión que tal vez muy pocos quieran comprobar, pues los efectos del toloache son tan poderosos que no sería raro que alguien terminara con su vida buscando el amor.

Fuente: Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana.