Crédito: Louie Escobar

Ser Gardel.

Sos Gardel cuando estás como querés, cuando no necesitás nada más. La expresión implica estar en lo más alto, como lo estará por siempre el más famoso cantante de tangos de la historia. Es autosuficiencia y también privilegio. Sos Gardel si, en pleno verano, tenés una pelopincho para soportar el calor de Buenos Aires. Y si, por esas vueltas de la vida, llegás a conseguir una casa con piscina, sos Gardel con guitarra eléctrica.

 

“Me cortaron las piernas”.

El 30 de junio de 1994, Diego Armando Maradona se retiraba del Mundial de Fútbol de Estados Unidos de la mano de una enfermera. El control antidóping le había dado positivo. Era el fin de su carrera en la Selección. El 10, en el momento más triste del deporte nacional, soltó esa frase que hoy los argentinos recogemos una y otra vez para denunciar que se ha cometido una injusticia en nuestra contra y que nos encontramos a un paso de estar acabados. Claro que solemos exagerar la expresión para quejarnos de cosas totalmente banales, como la ausencia de mayonesa en un puesto de panchos, por ejemplo.

 

Pegar un tubazo.

Si un argentino te pide por favor que le pegues un tubazo, tenés que saber que simplemente te está diciendo que lo llames. No importa si desde un teléfono fijo, celular o vía Skype. No es necesario herirlo con ningún tubo.

 

Ir a llorarle/cobrarle a Magoya.

Magoya es el nombre de un ser cuyo origen, historia de vida, locación y demás datos biográficos se desconocen por completo. Pero hay una sola cosa que sí sabemos bien los argentinos: Magoya nunca va a estar cuando lo busquemos. Magoya representa un vacío inescrutable. No lo vimos nunca ni tampoco lo veremos. Sólo sabemos que si alguien nos advierte: “No le vendas eso a X, porque nunca paga sus deudas”, lo hacemos bajo nuestra responsabilidad. Y si finalmente X evita pagar lo que debe, alguien nos mandará a cobrarle a Magoya… O sea, a la nada misma.

 

Estar hasta las manos.

Reconocer y aceptar que estamos enamorados a veces es difícil. Comunicárselo a un amigo, doblemente complicado. Es por eso que, tal vez buscando atenuar el impacto en el receptor, devolviéndole un mate vacío, los argentinos reconocemos: “Me parece que estoy hasta las manos con esta mina”.

Aunque también decimos que estamos hasta las manos cuando andamos atareados y no tenemos el tiempo suficiente para hacer todo lo que deberíamos (lo que también puede ser fruto de estar “hasta las manos” de amor, claro).

 

Buscarle la quinta pata al gato.

Los argentinos somos complicados y siempre andamos con problemas. Y cuando no tenemos problemas a la vista, los buscamos. Compramos algo con desconfianza, escuchamos a la gente dudando de si nos estarán diciendo la verdad y vemos conflictos donde no los hay. Nos encanta buscarle la quinta pata al gato y, a veces, de tanto buscarla… ¡la encontramos!.

 

Andar como turco en la neblina.

Si, como dice el tango, “estás desorientado y no sabés qué trole hay que tomar para seguir” es porque andás como turco en la neblina… Parece que el origen viene de cuando en España al vino puro (sin agua) se le decía “turco”, porque no estaba “bautizado”. Estar borracho era agarrarse una “turca” y ¿qué mejor imagen que un borracho perdido en la neblina para describir ese sentimiento de no cazar una?

 

No hay tu tía.

“Y no, hermano. Ya no hay forma de hacerlo. Por más vueltas que le des, no habrá manera de solucionar ese asunto. No hay tu tía”.

La atutía era una sustancia derivada de la fundición del cobre que servía como medicina para ciertas enfermedades oftalmológicas. “No hay atutía” fue la frase original que, con las deformaciones del teléfono descompuesto del tiempo, se convirtió en esta original expresión que asegura que algo ya no tiene remedio.

 

Hacer algo de cayetano.

Si andás de paseo por Argentina y algún amigo te pide que hagas algo “de cayetano”, tené mucho cuidado. No te tenés que disfrazar de San Cayetano, ni ir a la procesión religiosa del 7 de agosto. “De cayetano” significa “en silencio” o “sin decir nada a nadie”. Así que, si vas por el Obelisco y pasa volando frente a tus ojos un billete de cien pesos, agarralo, pero de cayetano…

 

Tirar los galgos.

Argentina tiene la fama de albergar a las mujeres más lindas del mundo. Y los hombres, que nos quedamos atrás con nuestras dotes seductoras, tratamos de endulzarles los oídos para ganar su aprecio. Claro que no se trata exactamente de una cacería como la que se practica en las zonas rurales con perros que atrapan a alguna presa, pero ambos modos de soltar o tirar los galgos pueden tener varios puntos en común…

 

Ponerse la gorra.

Pobre del que lo haga, porque a los argentinos no nos gustan las actitudes autoritarias… ¡de los otros! Siempre hay alguien que, en momentos de alegría y jolgorio, prefiere ponerse serio y asumir la actitud propia de un agente de la ley. Por lo que le ordenamos inmediatamente: “¡Sacate la gorra, che!”.