Cholula

Cholula se encuentra a las afueras de la ciudad de Puebla y no solo es uno de los pueblos más pintorescos de México, también es uno de los sitios con más historia de todo el continente americano. Este lugar ha estado habitado de manera continua desde el año 500 antes de nuestra era y, por supuesto, tanta historia se sustenta con igual número de atractivos. Una visita a Cholula empieza por el mayor de dichos atractivos: Tlachihualtepetl o la Gran Pirámide de Cholula. Esta pirámide está considerada como la más grande del mundo. Acceder a la pirámide solo cuesta $70 pesos y tu boleto te permite entrar al museo de sitio, a la zona arqueológica y a los túneles que se internan al interior de esta monumental estructura. 

Gran Pirámide de Cholula. Foto: Rulo Luna Ramos.

Sobre la pirámide se encuentra el Santuario de Nuestra Señora de los Remedios y un mirador desde el cual se puede admirar todo Cholula y desde el que tendrás una vista privilegiada de los volcanes. Desde las alturas también podrás distinguir una de las características distintivas de Cholula: tiene tantas iglesias que la gente comúnmente dice que hay una por cada día del año. Oriéntate, toma fotos y dirígete hacia la Plaza de la Concordia —el centro del pueblo—, desde donde podrás dirigirte al Ex Convento de San Gabriel, una impresionante construcción del siglo XVI, o a la iglesia de Santa María Tonantzintla, un templo que te va a dejar con la boca abierta en cuanto entres.

Santuario de Nuestra Señora de los Remedios. Foto: Rulo Luna

La fiesta de la Virgen de los Remedios es la fiesta más importante de Cholula y se lleva a cabo en la primera semana de septiembre. Otro buen momento para visitar Cholula es durante el vaniloquio —un concierto en el que participan todas las campanas de todas las iglesias del pueblo— que se celebra cada noviembre. 

Si quieres darte una escapada al centro de Puebla, puedes hacerlo a través del Tren Turístico Puebla-Cholula. La estación se encuentra a un costado de la pirámide y puedes subir con tu bici. 

 

Cuetzalan

Perdido en lo más alto de la Sierra Norte de Puebla se encuentra Cuetzalan, un pueblito de casas blancas con tejas rojas y calles empedradas en el que la cultura indígena de la sierra es protagónica. Pasear por Cuetzalan en día de mercado —el tianguis principal se instala cada domingo— es un verdadero viaje en el tiempo. Verás hombres y mujeres vestidos con atuendos tradicionales comprando e intercambiando productos locales que van desde los quelites y hongos silvestres, hasta tlayoyos —una especie de sope relleno de alberjón con hoja de aguacate— y el famoso yolixpa, una bebida alcohólica que se usa con fines medicinales y que se prepara con más de veinte hierbas distintas. 

Centro de Cuetzalan. Foto: Rulo Luna

En el centro del pueblo se levanta el impresionante templo de San Francisco de Asís. Su torre de casi setenta metros de altura la convierte en la iglesia más alta de todo el estado y solo rivaliza en tamaño con el gigantesco palo de los voladores que se levanta en su atrio. Cuetzalan y Papantla se disputan el origen de la danza de los voladores y ver este espectáculo en cualquiera de estos sitios es un verdadero deleite. Si deseas conocer más sobre la historia indígena de la sierra, date una vuelta por el Museo Etnográfico Calmahuistic —dentro de la Casa de la Cultura— y por la zona arqueológica de Yohualichan, a menos de media hora de camino desde Cuetzalan. 

Iglesia de San Francisco de Asís y el palo de los voladores. Foto: Rulo Luna

El mejor momento para visitar Cuetzalan es durante los primeros días de octubre, cuando se celebra la fiesta de San Francisco de Asís. En estos días la identidad de Cuetzalan se hace aún más presente a través de danzas y espectáculos tradicionales. En el contexto de estas celebraciones se lleva a cabo una feria dedicada al café —Cuetzalan y sus alrededores producen café de altura de primera calidad— y la Feria Nacional del Huipil, una gran celebración de la cultura indígena. 

 

Atlixco

Atlixco, la famosa Ciudad de las Flores, es uno de los poblados más cercanos a las faldas del Popocatépetl y uno de los lugares en donde la identidad poblana puede vivirse en todo su esplendor. El sobrenombre le viene de la producción de flores y plantas de ornato que se mantiene como la actividad económica más importante del pueblo desde el siglo XVI —cuando era denominado el granero de la Nueva España. El centro de Atlixco está lleno de colores llamativos y edificios de influencia morisca que lo hacen uno de los más coloridos de México. 

Ex Convento de San Francisco. Foto: Rulo Luna

Empieza a explorar Atlixco desde el zócalo. Los puestitos de helados que se encuentran en la plaza y sus alrededores parecen de lo más común, pero son famosos por tener una oferta de sabores extravagantes como chapulín, romero y chile en nogada. Este último lo puedes encontrar en los meses de agosto y septiembre en heladerías artesanales como Ximitl. Con helado en mano, recorre la Avenida Hidalgo hasta llegar al reloj. Desde aquí puedes subir a los miradores del cerro de San Miguel, desde donde tendrás una impresionante panorámico de Atlixco y una de las mejores vistas del Popocatépetl. En tu camino te vas a encontrar con el templo de San Francisco, una impresionante construcción franciscana del siglo XVI. 

Photo: Eleni Mavrandoni | Shutterstock

Un buen momento para visitar Atlixco es a finales de septiembre durante la Fiesta Grande o Huey Atlixcayotl, un festival en el que representantes de las once regiones de Puebla se reúnen a celebrar su identidad con bailes, gastronomía y música. Es muy parecido a lo que ocurre en Oaxaca con la Guelaguetza, pero sin las multitudes que asisten al festival oaxaqueño. Atlixco también celebra una Fiesta Chica o Atlixcayotontli a principios de septiembre. Durante las fiestas de fin de año, Atlixco se luce con un espectáculo de luces y decoraciones que transforman el centro del pueblo en una villa navideña.  

  

Zacatlán

La Sierra Norte de Puebla es uno de esos lugares que le suman misticismo a cada uno de sus pueblos y Zacatlán no es la excepción. Cada tarde la niebla cubre por completo a este pequeño poblado ubicado al borde de una gran barranca —la Barranca de los Jilgueros— y que ha ganado fama por la producción de manzanas y por su riquísimo pan de queso. El nombre de Zacatlán de las Manzanas viene de épocas coloniales, cuando los misioneros franciscanos se dieron cuenta de lo bueno que era el clima de la región para la producción de este fruto. Hasta el día de hoy, Zacatlán es el principal productor de manzana rayada de México.

El centro de Zacatlán de noche. Foto: Rulo Luna

El encanto de las plazas, los templos y las calles de Zacatlán es innegable, especialmente cuando baja la neblina y transforma el paisaje dándole un aire de pueblo encantado; pero los alrededores tienen atracciones naturales de primer nivel. A menos de quince minutos del centro del pueblo hay cascadas espectaculares como la de San Pedro (en la foto) o la de Tulimán, una cascada con tres saltos que en conjunto superan los 300 metros de altura, convirtiéndola en una de las cascadas más espectaculares de México. Un poco más lejos se encuentran las famosas Piedras Encimadas, un valle en el que se levantan gigantescas columnas de basalto de formas bastante peculiares. Tanto Tulimán como Piedras Encimadas tienen senderos para explorar e infraestructura turística para disfrutar de un día en la naturaleza sin preocupaciones.  

Cascada San Pedro. Foto: Rulo Luna

La fiesta más grande de Zacatlán es la Feria de la Manzana, celebrada cada año a mediados de agosto durante la fiesta de la Virgen de la Asunción. Esta fiesta se celebra oficialmente desde 1941 y es una de las más importantes del estado de Puebla. Otra buena oportunidad para visitar Zacatlán es durante el Festival del Pan de Queso, que se lleva a cabo en el marco de las celebraciones de Día de Muertos.