La cocina mexicana es una de las más complejas y ricas de todo el mundo. Pero además de todos sus sabores, olores e ingredientes, es una de las cocinas más ricas en tradición e historias. ¿Qué sería de nuestra cultura gastronómica sin sus mitos y leyendas? Estas son algunas de las creencias de la cocina mexicana que siguen muy presentes a lo largo y ancho de nuestro país. 

 

1. Levantar las claras

 

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Levantar las claras tiene su chiste. Como es un arte que no todo el mundo domina, se han generado múltiples rumores tratando de explicar por qué algunos no logran levantar una clara a pesar de poner toda su concentración en ello. Algunos dicen que las mujeres embarazadas son incapaces de batir las claras a punto de turrón, pero el mito más común afirma que todos aquellos que tienen la sangre pesada jamás serán capaces de hacer un buen merengue.

¿Hay una explicación científica detrás de esta creencia? Por supuesto que no, pero es la excusa perfecta para decirle a alguien que se te eche una mano en la cocina..

 

2. Rezarle a los tamales

En México somos muy glotones, pero también somos muy católicos. No resulta nada raro que en muchas casas se acostumbre rezarle a la masa de los tamales antes de ponerla a cocer. ¿Por qué? Algunos dicen que es para pedirle perdón al maíz por haberlo batido con fuerza; otros dicen que los tamales son tan complicados que hay que pedir ayuda de quien sea, con tal de que salgan con buen sabor.

 

3. Los frijoles crudos

 

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Los frijoles son uno de los pilares de la cocina mexicana, pero a pesar de su uso tan extendido, algunas abuelas afirman que estas legumbres son un tanto tímidas. ¡Sí! ¡Leíste bien! Los frijoles son tan tímidos que —dicen por ahí— no se cuecen si alguien los está viendo. La única forma en la que unos deliciosos frijoles pueden alcanzar su punto exacto de cocción es alejando la vista de la olla. Ya lo sabes, la próxima vez que quieras unos frijoles puercos o refritos, lo mejor será que no haya mirones alrededor.

 

4. Batir el mole en el sentido de las agujas del reloj

El mole es uno de los platillos más complejos de la cocina mexicana, lo que lo hace muy amigo de la superstición y las historias. Muchos moles cuentan con docenas de ingredientes y pueden tardar desde horas hasta días en completar su preparación. Por si esto no fuera suficiente, resulta que el sentido en el que bates la salsa afecta el resultado de la receta. 

Como si se tratara de una poción de Hogwarts, se dice que el mole no sale bien a menos de que se bata en el sentido de las agujas del reloj. ¿Por qué? Probablemente porque las tías necesitaban una excusa mística para justificar su fracaso culinario. Después de todo, es una de las recetas más laboriosas del universo gastronómico mexicano. Así que no te preocupes si tu mole salió como lodo especiado. No se debe a tu falta de talento, seguro solo lo mezclaste en el sentido que no era.

 

5. Comer sandía en la noche

 

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Todo mexicano que se respete sabe que la sandía es una fruta prohibida a la hora de la cena. Que si porque cae pesada, que si porque te da diarrea, que si porque las semillas hacen que te crezca un árbol en la panza… Es más, hay quienes llevan este mito al extremo y afirman que comer esta fruta malévola cuando estás crudo puede causar la muerte. 

La verdad es que no hay mucha evidencia científica que sustente esta creencia, pero —al igual que con la mayoría de las frutas— hay que ser conscientes de los azúcares que aporta al cuerpo.

 

6. Tamales enojados

Como si hacer tamales no fuera ya un reto suficiente, cuentan la leyenda que para hacerlos como se debe uno debe estar de buen humor. El punto de cocción perfecto, ese nivel que solo logran los tamaleros más experimentados, es algo a lo que no se puede acceder cuando el enojo está presente. ¿Realidad o ficción? Quién sabe, pero no se puede negar que es una muy buena forma de mantener a los mal geniudos alejados la cocina.

 

7. La cebolla en la cabeza

 

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Dicen por ahí que, para evitar las frías lágrimas asociadas con la partición de la cebolla, basta con que te pongas una mitad del susodicho vegetal sobre la cabeza. ¿Acaso es que la cabeza tiene una mística conexión con los lagrimales? ¿Será quizás que el cabello tiene la capacidad de neutralizar los efectos de esta verdura? Es poco probable, pero ¿quiénes somos nosotros para cuestionar la sabiduría de las abuelas mexicanas?