Tal como cuenta Gary Jennings en su libro “Azteca”, la bandera de la capital mexica mostraba orgullosa como escudo un águila que tenía en su boca el símbolo de ATLACHINOLLI (agua que arde), un símbolo profundo y significativo para aquella nación, pero que los españoles confundieron con una serpiente en el pico del águila.

 

 

A continuación descubre la verdadera imagen de aquella bandera:

 

 

En realidad, lo que ahí aparece es el corazón de Copil, que es el corazón de nada más y nada menos, que del sobrino de Huitzilopochtli, quien era hijo de Malinalxochitl.

Copil fue aquel muchacho que retó al mismísimo Huitzilopochtli y que dejó como recuerdo de su osadía su corazón en un islote, donde años más tarde los aztecas fundaron Tenochtitlan.

Fue así como floreciendo sobre una piedra justo sobre el corazón de Copil, aquel pueblo errante encontró un nopal creciendo sobre algunas rocas y sobre este un águila devorando un símbolo muy poderoso, que manifiesta la unión de dos corrientes de agua: una azul y otra roja (quemada). Ese es el símbolo del Atlachinolli.

 

 

Cuenta la leyenda que los sacerdotes Coyohua y Cuauhtlequetzqui encontraron el águila en el islote, la descubrieron refrescándose en los primeros rayos solares y atestiguaron cómo dio su canto sagrado de la guerra: el atlachinolli.

Una revisión exhaustiva de las pinturas y códices postcortesianos muestra que no había una serpiente en la leyenda original. En algunas ilustraciones mexicas, como el Códice Mendoza, sólo se muestra un águila, mientras que en el Códice Ramírez Huitzilopochtli se ordenó a los aztecas encontrar un ave preciosa parada sobre un nopal. En el texto Chimalpahin, el águila está devorando algo, pero no se menciona qué es . Otras versiones muestran al águila agarrando el símbolo azteca de la guerra, el glifo”atl-tlachinolli”, “agua que arde”.

 

 

El agua que arde es el símbolo que indica que alguien está hablando de la guerra.

Y de la guerra los mexica sabían mucho. El despliegue militar mexica debió ser algo terrorífico de ver. Cada hombre era un guerrero, miles de ellos en formación perfecta y atavíos monumentales destruidos totalmente y sin mediar palabra a la primera ciudad del territorio a conquistar. Después enviaron los cráneos decapitados de sus príncipes a los de la siguiente ciudad. Así rápidamente todos los demás se rindieron y el Imperio mexica pudo anexar extensos territorios con un método basado en la sorpresa y el shock.

El símbolo del Atl Tlachinolli augura que la guerra de los mexicas será tan violenta que quemará incluso al agua.

En el magnífico monumento conocido como el Teocalli de la Guerra Sagrada, que podemos admirar en la Sala mexica del Museo Nacional de Antropología, el símbolo de Tenochtitlan no contiene ninguna serpiente, sólo al águila sobre el nopal lanzando un grito de guerra en forma del Atl Tlachinolli.

Así, el símbolo de la antigua Tenochtitlan tiene dos versiones: la versión del águila en paz (que todavía portan los documentos oficiales de la Ciudad de México), y otra versión en la que el águila está llamando a una guerra total y terrible, la que promete que en su torbellino convertirá al agua en fuego.

Este último es el símbolo que permanece hasta nuestros días. Simplemente ocurrió que los curas franciscanos, grandes conocedores de la cultura náhuatl, prefirieron transformar al río en serpiente, y asignarle de ese modo un valor de la lucha del bien contra el mal.