El Museo Nacional de Antropología es uno de los más visitados del país, hecho que no es sorprendente si tenemos en cuenta su impactante acervo cultural. Aquí se encuentran las piezas más importantes de nuestra cultura prehispánica, halladas a través del tiempo a lo largo y ancho del país. Ante tanta grandeza, tu primera visita puede ser apabullante y, por eso, aquí te dejamos una lista de lo que no debes dejar de ver para entender el México precolombino. El museo abre de martes a domingo y la entrada cuesta 75 pesos mexicanos (hay descuentos y aquí puedes checarlos).

Quetzalapanecáyotl

Mejor conocido como el penacho de Moctezuma, es la réplica exacta del original que se encuentra en Europa. ¿Por qué se encuentra allá? Bien, recordemos que, a la llegada de Hernán Cortés, Moctezuma se lo regaló, por lo que fue enviado a España. Con el tiempo, entre negocios y robos, llegó al Museo de Viena en Austria, donde se encuentra en la actualidad. Tiene una altura de 1,16 metros y un diámetro de 1,75. Está compuesto por 222 plumas de cuatro especies de aves distintas, así como algunas aplicaciones de oro. El valor de la pieza original está valuado en 50 millones de dólares.

Vasija del mono de obsidiana

Es sin lugar a dudas una de las obras maestras mexica. Tiene 15 centímetros de alto y está esculpida sobre una única pieza de obsidiana pulida, que reta al entendimiento de los arqueólogos modernos, que aún no se ponen de acuerdo para explicar cómo fue tallada. Es una pieza tan abstracta que el espectador se pregunta si el mono está emergiendo de la vasija o si se está transformando en ella. El Museo Nacional de Antropología la obtuvo de un campesino, quien la ofreció a cambio de un poco de maíz en la década de los 80.

Máscara del dios murciélago

Es la representación de una cara humana, que encima lleva la imagen de Piquete Ziña, el dios murciélago zapoteca. Está compuesta por varias placas de jade pulido. Esta pieza fue encontrada en la zona arqueológica de Monte Albán, en una ofrenda que acompañaba a cinco esqueletos. Se estima que fue elaborada entre los años 200 a.C y 200 d.C.

La piedra del sol

Sin duda alguna, la Piedra del Sol es la pieza más impresionante, no sólo del Museo Nacional de Antropología, sino de todo México y, por qué no decirlo, una de las más complejas de la humanidad. Se trata de un monolito esculpido sobre una sola roca, con un diámetro de 3,60 metros, 1,22 de grosor y 24 toneladas de peso, que nos muestra los aspectos más importantes de la cosmovisión nahua, como las cuatro eras humanas anteriores a la nuestra, los ciclos de Venus, del sol, la luna, los signos de su calendario y en general de su universo.

Ante la caída de Tenochtitlan, en 1521 fue enterrada por los mexica y no fue sino hasta 1790 cuando volvió a ver la luz, al ser colocada a un costado de la catedral Metropolitana. Fue hasta 1964 cuando fue trasladada a su actual hogar, el Museo Nacional de Antropología.

Máscara de Pakal

Perteneciente al entierro del Rey Pakal, a quien se le ha puesto el apodo de “astronauta maya” por las inscripciones en la tapa de su sarcófago y por los análisis que indican que biológicamente no era originario a la región que gobernó. La tumba de Pakal se ubica en el Templo de las Inscripciones, en la zona arqueológica de Palenque, Chiapas, y fue uno de los grandes descubrimientos de la arqueología mexicana.

La máscara de Pakal es una pieza funeraria elaborada con jade y conchas que muestra al espectador un poco del misterio de los mayas. Se estima que fue elaborada alrededor del año 683 de nuestra era.

Teocalli de la guerra sagrada

Es un monolito de origen mexica, en el que se encuentra tallada la más antigua representación del escudo de la bandera de México. En él se puede apreciar un águila parada sobre un nopal, devorando lo que pareciera ser una serpiente, pero que realmente es el símbolo de atl-tlachinolli (agua quemada), lo que refiere al poder militar de los mexica. Está tallada en una pieza de piedra volcánica de 1,23 metros de alto, 92 centímetros de ancho y 1 metro de espesor. Se estima que fue esculpida alrededor del año de 1507.

“El teocalli de la guerra sagrada celebra el triunfo del Sol en el universo y justifica el poder de los mexicas tras la fundación de sus ciudad en el año 2 Casa (1325), la cual está grabada en la parte superior del monolito. Todos los personajes y símbolos representados en el monumento –incluidas las fechas calendáricas y el águila posada en el nopal esculpida en la cara posterior- se conjugan en una gloriosa alabanza a la guerra y la unión simbólica del fuego y el agua”. (Eduardo Matos Moctezuma).

Atlante de Tula

Con una altura de 4,6 metros y compuesta por cuatro bloques, esta escultura es la representación de un guardián de la mítica ciudad de Tolan, o Tula como la conocemos actualmente. El atavío del guardián, tallado sobre la roca, está compuesto por un pectoral de mariposa, un atlatl, dardos, un cuchillo de pedernal y una rara arma curva. Se cree que entre los cuatro atlantes sostenían el techo en el Templo de Tlahuizcalpantecuhtli, que es donde se encontraban originalmente.

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El monolito de Tláloc

Con 7 metros de alto y 68 toneladas de peso esta escultura, que se encuentra a las afueras del museo, es una pieza única, que fue abandonada por los trabajadores mientras era esculpida justamente en los tiempos en que llegaron los españoles. Fue hallada en Coatlinchan, Estado de México y fue extraída hasta 1964. Algunos investigadores consideran que el monolito no se trata de Tláloc sino de Chalchiuhtlicue, la deidad de los ríos, mares y lagos.

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Monolito de Coatlicue

Con 2,5 metros de alto, 1,67 de ancho y 1,3 metros de espesor, el monolito de Coatlicue (“la de la falda de serpientes”), la madre de Huitzilopochtli, representa a la madre tierra. Es una de las esculturas más impresionantes, pues está esculpida sobre un solo bloque de roca por todos sus ángulos. Se cree que fue tallada alrededor del año 1500 y su hallazgo data del 13 de agosto de 1790.

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Coraza de Tula

Se trata de una armadura ritual confeccionada con conchas rojas y moradas en su parte superior, y con conchas de madre perla en la parte superior, de una especie llamada pinctada matlatzinca, que es considerada la más grande y hermosa del mundo. Para rematar, un olán con pendientes de caracoles de Olivia en la parte inferior. Fue descubierta en el año 1933, dentro de una caja amarilla de adobe, en el recinto llamado el Palacio Quemado, en Tula, y se cree que fue confeccionada alrededor de los años 900 y 1000 d.C.

Pectoral de oro

Procedente de Yanhuitlán, Oaxaca, esta pieza es una muestra de la maestría de los mixtecos para trabajar los metales preciosos. Sus dimensiones son 7,8 centímetros de alto, 8,1 centímetros de ancho, 0,5 centímetros de espesor y 46,19 gramos de peso. Está elaborado con oro y mosaicos de turquesa, con un diseño de greca escalonada.

Este pectoral nos hace imaginar que seguramente perteneció a un guerrero destacado, pues su diseño es el de un escudo de guerra, del que penden once cascabeles en su parte inferior, mientras que a sus costados se distinguen cuatro flechas atravesadas, señalando el carácter bélico de la pieza.