Chiapas es uno de los estados más mágicos de México. Riquísimo en cultura, en zonas arqueológicas y en gastronomía, nuestro estado le ha regalado tantas maravillas al mundo, que sería imposible enumerarlas aquí. Hoy te cuento sobre estas aventuras en la naturaleza que sólo puedes vivir en Chiapas.

La Reserva de la Biosfera El Triunfo

Este es, créeme, el bosque más mágico del planeta. Y no lo digo solo yo, que soy chiapaneco: la cadena BBC lo nombró “el bosque más bonito del mundo”.

La niebla es tanta que baña los árboles, o bien se mezcla entre sus recovecos hasta formar una especie de cascada en medio de las nubes.

Aquí hay quetzales.

También es hábitat de un ave única, el pavón cornudo, llamada también “el ave unicornio”, por su cuerno rojo que resalta entre su plumaje negro.

Reserva de la Biosfera La Encrucijada

Shhh, este es uno de los secretos de Chiapas. Aquí se mezclan a la perfección la belleza de la selva, los manglares y el mar. ¿El resultado? Un lugar paradisíaco.

Photo: Adriana Margarita Larios Arellano | Shutterstock

Puedes recorrer en lancha los túneles y caminos en medio de los manglares, y observar la fauna y la vida de las personas que habitan en los pueblos pesqueros.

Estos son los manglares más altos del Pacífico americano, que sirven como refugio de cientos de aves migratorias. La Barra Zacapulco es la playa que bordea la zona; su pueblo es muy tranquilo y la playa casi virgen con un oleaje casi salvaje.

La selva Lacandona

Es la última selva de México y es, también, el paraíso en la tierra.

Hábitat del mayor número de especies de flora y fauna que existen en el país, refugio de muchas que están en peligro de extinción y hogar de la única flor en el mundo con los caracteres sexuales invertidos: la lacandonia.

En toda la selva hay zonas arqueológicas, incluyendo Palenque, claro está.

Y cascadas impresionantes, ríos de ensueño y lagunas que parecen un mar interior, como Miramar, cuyos colores te van a dejar boquiabierto.

También es casa de los lacandones, los guardianes de la selva, un pueblo descendientes directos de los mayas. Con ellos uno puede hospedarse, porque tienen cabañas en los pueblos de Na-ha y Metzabok. No hay mejor manera para conocer la Lacandona que recorrerla de su mano.

Crédito: @alfredomartinezphoto

Parque Nacional Cañón del Sumidero

El Parque Nacional Cañón del Sumidero es tan importante que aparece en el escudo estatal. Además, es el lugar donde -según cuenta la leyenda-, los Chiapas prefirieron lanzarse al vacío y caer desde sus paredes de más de mil metros, antes que ser sometidos al dominio español.

Photo: Diego Fiore | Shutterstock

El recorrido por las aguas de río Grijalva, en medio de dos enormes paredes con millones de años de historia, es una de las experiencias que todo mexicano debe vivir. En ese sitio, dicen, uno se da cuenta de lo pequeño que es uno y de lo grandiosa que ha sido la naturaleza.

Parque Nacional Palenque, Chiapas

Palenque no sólo es la zona arqueológica, sino todo el complejo de sitios al descubierto y otros que yacen en medio de la selva. Según sostienen los arqueólogos, lo que conocemos de Palenque es solo el diez por ciento de lo que existe, aún oculto bajo la vegetación exuberante. El Templo de las Inscripciones es la única pirámide en América utilizada como cámara funeraria, que resguarda la tumba de Pakal, uno de los gobernantes más importantes de Palenque.

Crédito: @enriquenoriega

Parque Nacional Lagunas de Montebello

Esta serie de lagunas mágicas e inspiradoras, ubicadas en medio de zonas boscosas y que hacen frontera con Guatemala, son un paisaje que a muchos visitantes no les parece parte de México.

Photo: wayak | Shutterstock

Aquí uno puede admirar el paisaje o bien, subirse a una balsa rústica y navegar por una de las lagunas más bonitas, dejándose arrullar por el suave movimiento de la embarcación y disfrutando de la riquísima brisa.

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El Arco del tiempo

Este es el arco más grande del mundo y se trata de una formación del Cañón del Río La Venta (“el hijo” del Cañón del Sumidero). Ubicado en el municipio de Cintalapa, guarda entre sus paredes un arco natural de 180 metros de altura.

Se debe ir en tour, porque para llegar hay que hacer algunas caminatas sobre el río La Venta, pero quienes han estado ahí aseguran que la recompensa es grande.


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