Sufres más el calor del verano que en tu desértica tierra

¿Quién lo diría? Una sonorense en Alemania quejándose del calor. ¿No es aquel país sinónimo de grandes bosques y postales navideñas repletas de nieve? Pues eso depende. Si bien en el estado de Baden Wurtemberg tenemos la famosa Selva Negra —un bosque inmenso de coníferas tan altas que los rayos de luz rara vez tocan el suelo—, la zona también es conocida por ser una de las más cálidas del país. Aquí las temperaturas pueden rozar los 38 grados en verano, y ¿adivinen qué? No hay aire acondicionado. Los alemanes no lo usan, no están acostumbrados y al parecer no les importa sudar y dormir empapados. 

Esta yaquecita está acostumbrada a ver netflix envuelta en una cobija mientras afuera parece que llueve lumbre. Eso de dormir con las ventanas abiertas con la esperanza de que entre algo de brisa —y acabar despertando a las cuatro y media de la mañana con los rayos de sol en la cara— no es vida. Y no, ni un ventilador te salva. Lo mejor es resignarse y pensar que si bien morimos de calor, al menos contribuimos a la lucha contra el cambio climático. 

 

Cerveza alemana igual a niño en Disneylandia

Para el calor, los sonorenses recurrimos de manera bastante regular a las bondades de la cerveza bien fría. Está presente en reuniones familiares, fiestas, celebraciones y hasta en los momentos malos. Los sonorenses prácticamente crecemos con un bote de cheve en la mano. Pues Alemania es el país de la cerveza y las variedades son infinitas. Aquí hay cervezas claras, rojas, oscuras, filtradas, sin filtrar, de distintas graduaciones y hasta alkoholfrei. Hay una opción para todos. 

No puedes vivir en Alemania y decir que no te gusta la cerveza porque para hacer tal afirmación, tendrías que haberlas probado todas. Y eso, mi amigo, es prácticamente imposible. El alemán siempre tendrá una opción cervecera que ofrecerte y aunque no seas amante de esta bebida, alguna te terminará conquistando. 

 

Experimentas la libertad y de ir por la calle con tu chela en la mano

Y no, nadie te va a ver feo, ni mucho menos tendrás que cuidarte de la policía. En Baden Württemberg al igual que en Bavaria y otros estados, beber en la calle es legal —mientras no molestes a nadie y te puedas responsabilizar de ti mismo. Así que para aprovechar el sol del verano, te pones el vestido de tirantes, pasas a alguna de las múltiples cervecerías por tu “caminera” y, ahora sí, estás lista para admirar las maravillas históricas de Stuttgart, Esslingen, Tübingen, Ludwigsburg, Heidelberg, Freiburg y un largo, largo etcétera. 

 

Reconfiguras tu percepción del “hablar claro y directo”

Los sonorenses presumimos de hablar sin rodeos y ser —¿demasiado?— sinceros. Hasta nos burlamos del “cantadito y modosito” hablar de los tapatíos, los chilangos y los yucatecos. Nos creemos muy directos… hasta que nos topamos con los alemanes. La cajera del súper te va a gritar en la cara que te apures a empacar tus cosas —pasándose el servicio al cliente por el arco del triunfo—, la de la oficina gubernamental te va a decir que no es su problema que no hables alemán y el vecino te va a tocar la puerta para decirte que el ruido de tu tele no lo deja dormir (a las diez de la noche… ¿quién se duerme a las diez de la noche?). Esto nos lleva al siguiente punto.  

 

Aprendes a modular tu volumen de voz

El problema no es nuestro hermoso y golpeado acento. El problema es el volumen de nuestras melódicas voces. Y si a eso le sumas el hecho de que la hora para llamar a tus seres queridos en México es después de las cinco de la tarde alemanas, es muy probable que tengas que acostumbrarte a bajarle dos rayitas a tus llamadas de Facetime. 

Los alemanes disfrutan y defienden el silencio. Van por la vida hablando bajito, siendo discretos y tratando de no interferir con el otro. Obviamente apreciarán que la latina loca del piso de arriba baje el volumen o por lo menos termine sus videollamadas antes de las diez de la noche. Eso sí, en el café con las amigas me doy vuelo y sin pena disfruto las caras de desconcierto de los vecinos de las otras mesas que observan al grupo de escandalosas mexicanas que con cada carcajada parece que están sufriendo un ataque cardíaco.  

 

Extrañas con locura la carne sonorense

Esto no debería ser novedad. La extrañabas cuando te mudaste a Guadalajara y la extrañabas cuando te mudaste al midwest estadounidense. Pero ahora te das cuenta de que la carne tapatía no era tan mala y que los cortes gringos eran bastante decentes. No sabías lo que tenías hasta que probaste el rindfleisch —la carne de res alemana. 

Nuestros amigos germanos saben TODO del cerdo. Son los maestros de esta carne y con ella preparan delicias que van de la enorme variedad de carnes curadas hasta las salchichas y muchos otros platillos espectaculares. Pero por la carne de res ni preguntes. Es cara, mala y carente de sabor. ¿A qué se debe? No lo sé. 

 

Redescubres el concepto de regionalismo 

Para ti todos se ven iguales: caucásicos, ojo claro y pelo rubio. Sin embargo, ellos se perciben de forma muy distinta. Para los alemanes, el concepto de identidad nacional es algo complicado dada la particular historia del país. Tras la Segunda Guerra Mundial, Alemania asumió la responsabilidad moral del Holocausto y toda manifestación de nacionalismo fue rechazada. Pero una cosa es el nacionalismo y otra es el regionalismo. 

El alemán quizás no se sienta particularmente orgulloso de ser alemán, pero sí de ser suabo, bávaro o sajón. Las diferencias culturales son marcadas y van mucho más allá de un acento distinto o de algunas cuantas palabras regionales. En ocasiones estas diferencias se expresan como dialectos completos que siguen en uso en las distintas regiones. ¿Sinaloenses contra sonorenses?, ¿tapatíos contra regios? El verdadero significado de rivalidad regional lo entiendes el día en que pones a discutir a un suabo con un bávaro. 

Para esta sonorense, vivir en Alemania ha sido una aventura llena de altos y bajos. Aunque me costó trabajo, eventualmente he reconocido las ventajas de que las reglas del juego sean tan claras y la gente tan directa. Al final, los alemanes toman cerveza como si no hubiera un mañana, así que no podemos ser tan diferentes.