Buenos Aires es famosa por su activa vida nocturna y hay quienes dicen que es ella, y no Nueva York, la verdadera ciudad que nunca duerme. Más allá de las salidas típicas a cenar, a un bar, al cine o al teatro, la reina del Plata ofrece muchas cosas muy interesantes para hacer de noche. Muchas son gratuitas o muy económicas y aptas para toda la familia. Pasen y vean.

Hacer una caminata a la luz de la luna en la Reserva Ecológica Costanera Sur (Puerto Madero).

La Reserva Ecológica es un área protegida de 350 hectáreas, entre medio de la urbe y la costa del Río de la Plata. Es un refugio de fauna y flora autóctonas, donde se encuentra la mayor biodiversidad de la ciudad.

Una vez al mes, los viernes próximos a la luna llena, se realizan visitas guiadas nocturnas, en las que se recorre la reserva por cuatro horas. Es una experiencia mágica y de profundo contacto con la naturaleza, ¡y a solo cinco minutos de la Plaza de Mayo! También hay actividades para niños durante estos viernes de luna llena.

Recorrer el Paseo de la Historieta (Puerto Madero y San Telmo).

Cuando salgas de la Reserva Ecológica, podés empezar a caminar siguiendo el Paseo de la Historieta, que comienza en el Museo del Humor y termina en la esquina de Defensa y Chile, San Telmo, con la estatua dedicada a nuestra amada Mafalda.

Crédito: Lau B

Este recorrido, que va enlazando a los personajes más emblemáticos y populares de este género en la Argentina, incluye 16 puntos y es ideal para recorrerlo en una cálida noche de verano, parando en los numerosos barcitos, restaurantes y bares notables que hay en el trayecto.

¡Descargar el estrés acumulado rompiendo cosas!

¿Cuántas veces pensaste lo catártico que sería descargar tensiones acumuladas, ira, enojos y frustraciones rompiendo literalmente todo con un bate de béisbol? Durante una noche en Buenos Aires podés cumplir esa fantasía yendo a The Break Club.

Llegás, elegís lo que vas a romper (botellas, monitores, computadoras o televisores), te preparás, entrás al cuarto acondicionado para la acción y destrozás todo hasta quedar exhausto. Al finalizar, pasas por un cuarto de relax como paso previo para el regreso al mundo real.

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Bailar tango en una Glorieta y al aire libre (Belgrano).

Todos los sábados y domingos por la noche se baila tango en uno de los más bellos espacios de la ciudad, la Glorieta de las Barrancas de Belgrano. Aunque no seas un experto en bailar tango, te va a encantar participar de una milonga al aire libre y bajo las estrellas, con más de 300 bailarines de todas las edades y todos los niveles, desde los más avanzados hasta los principiantes.

Hacer un tour para conocer las leyendas urbanas de la ciudad.

¿Te imaginás un tour en el que te van llevando por esos lugares de la ciudad dónde ocurrieron las historias más trágicas, crímenes dignos de películas de terror y las leyendas urbanas más aterradoras? ¿Y hacerlo de noche? Varias empresas de turismo ofrecen un recorrida por estos sitios mientras un guía va narrando las historias de, por ejemplo, Yiya Murano (la envenenadora de Monserrat), el petiso Orejudo (asesino de niños), o el descuartizador de Barracas.

Ir al Palacio Barolo de noche.

El Palacio Barolo es uno de los lugares desde donde se obtienen las mejores vistas de Buenos Aires, y se puede visitar durante las noches de viernes y sábados. Se trata de un edificio ubicado sobre la Avenida de Mayo construído en la década de 1920, que hace referencia al libro “La divina comedia”, de Dante Alighieri.

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Sus 22 pisos se dividen en Infierno, Purgatorio y Paraíso, y recorrerlos es descubrir los secretos, los mitos y las referencias que se tejen alrededor de una de las grandes obras de la literatura universal. Cuando se hacen las visitas de noche, se enciende el faro que está en lo más alto y se enciende el reflector, lo que permite apreciar la ciudad desde el mirador de 360 grados. ¡Una belleza!

Pasear por el Delta del Tigre en kayak.

Al norte de la ciudad de Buenos Aires está el Delta del Tigre, un sitio protegido por ser uno de los humedales más importantes del mundo. Allí, entre los estrechos canales que separan las islas, se puede hacer un paseo en kayak que comienza al atardecer con la remada de algo más de una hora, sigue con una cena a la luz de un fogón y culmina unas horas después, con el regreso en una embarcación. Una experiencia mágica bajo el cielo azul, lleno de estrellas y la sola iluminación de la luna.

Animarse al desafío de juegos de escape (San Telmo, Palermo).

Una forma divertida de pasar una noche en Buenos Aires es jugando con amigos de un modo atípico: juegos de escape en los que hay que usar la inteligencia y el cuerpo. La propuesta es tan simple como desafiante: el grupo está dentro de una habitación cerrada (también temática) y debe encontrar la forma de salir con juegos y pistas, en el plazo de una hora. Juegos mentales, Salí del molde, Misión imposible, Escape demente y Eureka son algunos de los más conocidos.

Observar el cielo de Buenos Aires con un telescopio (Parque Centenario).

En el Parque Centenario está el observatorio astronómico de la Asociación Argentina Amigos de la Astronomía. Allí, los viernes y sábados a partir del anochecer, se realizan visitas donde un guía explica las características, el funcionamiento y la historia de los instrumentos. Luego, se hacen observaciones con esos mismos telescopios, mientras el guía le explica a los visitantes lo que van viendo.

Bailar con La Bomba del Tiempo, en el Konex (Balvanera).

Cada lunes por la noche, en la Ciudad Cultural Konex, toca La Bomba del Tiempo, un multitudinario grupo de percusión con el que vas a bailar, disfrutar y divertirte como nunca. El lugar es sumamente agradable y quienes van lo hacen con muchísima onda.

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Aprovechar la Noche de los museos.

Una de esas actividades atípicas para hacer en la ciudad de Buenos Aires es la noche de los museos, un evento que también consideramos dentro de la mini guía para viajar por Argentina. Se trata de una noche en la que abren gratuitamente los museos de la ciudad, esos que no tienen nada que envidiarle a los mejores del mundo.

Desde la tardecita, cuando empieza a caer el sol, y hasta pasadas las 3 am, más de 200 museos (entre públicos y privados) abren sus puertas a quien quiera ir. También hay espectáculos de música y danza y, durante esa noche, las líneas de colectivos transportan gratuitamente a los visitantes.

Convertirte en el personaje que siempre quisiste ser en la Noche de Máscaras (Palermo).

En una sala del barrio de Palermo se organiza la Noche de máscaras, un viaje en el tiempo hacia el romanticismo, a la época de los grandes bailes en los salones de los palacios europeos. Es fundamental ir con máscaras y cumplir con el código de vestimenta. Una experiencia visual y sensorial increíble.

Pasear por la ciudad en bicicleta.

En muchas calles de la ciudad hay carriles exclusivos para bicicletas y, además, existe un sistema de préstamo de bicis no solo para residentes, sino también para extranjeros. Buenos Aires es una hermosa ciudad para recorrer pedaleando.

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Circulando por las vías protegidas es posible recorrer desde lugares más alejados y abiertos como los bosques de Palermo (Parque 3 de Febrero), hasta el centro porteño y observar desde la bici esos majestuosos edificios que le dan a la ciudad una impronta tan única.

Hacer una visita nocturna al Palacio Piccaluga (Recoleta).

Una experiencia que te permitirá conocer el estilo de vida de una familia aristocrática porteña, recorriendo durante la noche una de las mansiones más espectaculares de la ciudad, construida a principios del siglo pasado. Con la compañía de un guía experto, se develan secretos y se descubren todos los rincones, que incluyen un salón de esgrima y un increíble jardín. En la experiencia hay música en vivo durante todo el recorrido y, al final, se ofrece una degustación de vinos y quesos. Aquí puedes encontrar más info.

Sumarte a la Noche de las librerías.

Una vez al año, en el mes de marzo, las librerías ubicadas en la avenida Corrientes entre las calles Libertad y Junín, salen a la calle en la noche de las librerías. Hasta entrada la medianoche, se arman livings sobre la calle, mesas con libros, charlas, talleres de poesía y shows de música. Una oportunidad única de leer un libro sentado en un sillón, en medio de la avenida Corrientes y con el Obelisco de frente.

Comer en un carrito de la Costanera.

En la Costanera Sur, los “carritos” (food trucks) están abiertos las veinticuatro horas. Podés pedir un choripán (sanguche de chorizo y pan francés), una hamburguesa o un sanguche de bondiola, y comerlo en una mesita al aire libre, disfrutando de la brisa veraniega que llega desde el río.

Ir al autocine en el Rosedal.

Durante las noches de verano, el Rosedal de Palermo (dentro del Parque 3 de Febrero) ofrece un autocine para ver películas desde los autos o directamente al aire libre. Hay capacidad para 300 vehículos y también arman espacios con sillas para los que lleguen caminando o en bicicleta.

Recorrer los barrios siguiendo al carnaval.

Durante los meses de febrero se realizan los carnavales de la ciudad, en donde las murgas van por los distintos barrios mostrando sus coloridos y divertidos pasos de baile que se mezclan con las letras de sus canciones, cargadas de humor y crítica social. Para tomar contacto y conocer el espíritu de la murga porteña en el resto del año, podés ir al Galpón de Catalinas, en el barrio de La Boca, donde el grupo de teatro Catalinas al Sur presenta espectáculos murgueros desde hace 25 años.

Ir de ronda de bares notables.

En toda la ciudad hay bares que por su historia, arquitectura, o antigüedad son considerados “notables”. Recorrerlos es encontrarse con el pasado de Buenos Aires, conocer anécdotas de personajes fundamentales, disfrutar de espacios únicos y de deliciosos desayunos, almuerzos, picadas, simplemente detenerse a tomar un submarino o un café.

Son 96 bares, entre los que están el Bar de Cao (que además es uno de los mejores bodegones de la ciudad), Barbaro bar (fundado por el artista plástico Luis Felipe Noé en 1969 y fue el primer pub de la ciudad), Esquina Homero Manzi (donde en una de sus mesas el compositor escribió el tango Sur), o el tradicional Café Tortoni, fundado en 1858 y lugar de encuentro de personalidades como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Luis Pirandello, Federico García Lorca o Carlos Gardel.