En el México prehispánico existieron seres mágicos que habitaban el mundo nahua, algunos de ellos inofensivos y otros maléficos. Seguramente has escuchado a tus abuelitos hablar de ellos y has recibido estas historias con incredulidad, pero lo cierto es que hay registro de estas criaturas fantásticas en los códices.

Primero voy a hablarte de los tlaloque, que son los pequeños ayudantes de Tláloc.

“Este dios del agua para llover crió muchos ministros pequeños de cuerpo, los cuales están en los cuartos de la dicha casa, y tienen alcancías en que toman el agua de aquellos barreñones y unos palos en la otra mano y, cuando el dios de la lluvia les manda y cuando atruena, es cuando quiebran las alcancías con los palos, y cuando viene un rayo es de lo que tenían dentro, o parte de la alcancía”.

(Fuente: Ángel María Garibay, “Teogonía e historia de los mexicanos. Tres opúsculos del siglo XVI”).

Son ellos quienes en el cielo rompen las vasijas que dejan caer el agua sobre nuestro mundo. Sus nombres son:

Opochtli, que se traduce como “zurdo” y que habita en el norte.

Nappatecuhtli, “cuatro veces señor” y que vive en el este.

Yauhqueme, “vestido de pericón” (el pericón es una hierba) y tiene su hogar en el oeste.

Tomiyauhtecuhtli, que se traduce como el “señor de nuestras espigas” y se encuentra en el sur.

Los tlaloque son seres de agua que habitan en el cielo junto a Tláloc, pero también hay seres que se encargan de cuidar la tierra y estos son los chaneques.

Chaneque se traduce como “los que habitan en lugares peligrosos” y moran generalmente en bosques y selvas, aunque no es raro escuchar que también viven en hogares humanos, donde se les culpa de algunas travesuras como molestar a los animales o esconder cosas.

Son descritos con forma humana y estatura mucho menor, además de un rostro infantil:

“Los chaneques son los dueños de los montes, de los animales y de las plantas. En la región de los Tuxtlas están organizados bajo el mando del Chane o Chaneco, dios de la tierra y del agua, quien reside en el talogan, cantaxotalpan o ta’altampa, el mundo subterráneo, en el que la naturaleza es pródiga. Los subordinados del Chane, los chaneques menores, viven en pareja y están casados; pueden ser benéficos para el hombre (chaneques blancos), o enemigos malignos (chaneques negros)”.

(Biblioteca digital de la medicina tradicional mexicana).

También hay seres mágicos que juegan en el viento y que toman la forma de aves para divertirse con los humanos. O al menos eso es lo que dicen las leyendas…

La primera de ellas es el quatezcatl, una pequeña ave de color azul y blanco, como del tamaño de una paloma. Tiene un espejo en la cabeza, donde uno podía tener algunas visiones sobre lo que le deparaba el futuro. Cuando estas aves se sumergían en el agua del lago emitían un resplandor como el de una brasa de leña. Antes de la llegada de los españoles fue capturada una de ellas y llevada ante Moctezuma, y así fue como este se enteró de la llegada de los españoles.

La segunda es el atotolin, que era un ave muy respetada, pues al quien lograba darle caza y abrir su estómago podía encontrar una piedra preciosa que auguraba un buen futuro. Sin embargo, si en el interior se hallaba un carbón, la muerte del cazador estaba cerca. Su cabeza era grande, el cuerpo alargado y tenía un pico amarillo y largo, y cola y patas cortas y fuertes.

En tercer lugar te voy a contar de las atzitzicuilotl, aves pequeñas y redondas, con negros picos largos, que bajaban del cielo junto a la lluvia y que, al llegar al lago, se transformaban en peces.

Pero eso no es todo, pues los bosques del mundo nahua estaban protegidos por extraños seres con forma de árbol llamados amoxoaque y que se encargaban de proteger a la flora y fauna. Sin embargo, si un cazador o talador tenía el infortunio de encontrarse con uno de ellos, sería convertido en árbol.

El cielo y la tierra se encontraban en equilibrio gracias a los huehueytin, que eran los titanes que dividían ambos mundos. Ellos eran:

Cuauhtémoc, “águila que desciende sobre su presa”.
Itzcóatl, “serpiente de obsidiana”.
Itzcalli o Itzmaliyatl, “diestro”.
Tenexuche, “descolorido”.

Bueno, como puedes apreciar, había muchos seres mágicos que habitaban el mundo nahua, que se encargaban de vigilar nuestro mundo. ¿O será que aún lo vigilan y ya no estamos tan atentos?