Crédito: Javier Andres Castro Flores

 

1. Usas el diminutivo de cada palabra.

Cuando llegas a Chile y escuchas a los chilenos hablar por primera vez, quizás tengas la impresión de que todo en este país es pequeñito. Pronto aprenderás que los chilenos usan el diminutivo de muchos sustantivos a menudo, mientras que el aumentativo es más selectivo.

No tomas agua, tomas agüita. No te vas a dormir, sino a hacer “tutito”. Cuando estás con tus amigos, estás con los chiquillos. Hasta un gran danés es un perrito. Cuando te la has pasado tragando comida, te llaman chachito. Y para demostrar afecto, saludas a las personas con un besito.

 

2. Tu pirámide de alimentos es en realidad un cuadrado de carbohidratos.

Has tenido que recortar el presupuesto que gastas en panes entre las marraquetas, hallulas, pan amasado, sopaipillas, pan de completo, y pan de molde que comes unas tres veces al día.

 

3. Los tacos han perdido el encanto para ti.

Quizás a un recién llegado se le haga agua la boca cuando escuche hablar de “tacos” en Chile, pero cuando ya te has convertido culturalmente, sabes que los tacos son congestiones de tráfico… no tortillas exquisitas.

 

4. Casi comprendes el significado de huevón / weón / aweonado / wea.

Este término chileno por demás usado tiene un millón de acepciones que varían según el contexto y la pronunciación específica. Algunos usos comunes incluyen “hermano”, “idiota”, “imbécil”, o simplemente “cosa”. Llegas a comprender algunos de los usos… a la par de cualquier chileno que se precie.

 

5. Conoces la diferencia entre el bus y el micro.

El micro es el transporte público de la ciudad, mientras que el bus es el que conecta con otras ciudades. El micro va siempre lleno y suele ser poco confiable por estar en malas condiciones, mientras que los buses pueden ser casi un lujo.

 

6. Has estado en una fonda.

Las Fondas son unos restaurantes / bares / lugares donde se baila durante las fiestas patrias chilenas. Cada fonda tiene un tema y algunas ofrecen las tradicionales “cuecas”, “terremotos” y “completos”, mientras que otras te dejan que armes una gran fiesta con tus compañeros de facultad. Hay una, incluso, que se llama Jane Fonda… pero escrito YeinFonda, a la manera chilena.

 

7. Te has vuelto inmune a los perros callejeros.

En otros países, miras con amor a los perritos que cruzas por la calle y te babeas hablando de tu propia mascota. En Chile, en cambio, después de haber visto innumerables mutantes sarnosos dando vueltas, tienes una suerte de sobredosis de caninos (y aún así, hay unos pocos selectos con los que te encariñas).

 

8. Comes las once.

Estás en ese momento del día en el que ya pasó la hora del almuerzo y aún no llega la hora de la cena, y tu estómago no para de crujir. Es hora de tomar un té y algún snack con pan: se trata de la once, esa comida de media tarde adaptada del “Five O’Clock Tea” inglés (the British elevenses).

 

9. Tienes tu equipo de fútbol.

Y si vives en Santiago, las relaciones interpersonales comienzan o se terminan según seas del Colo Colo o de Universidad de Chile.

 

10. Ya no esperas ni necesitas tener “espacio personal”.

Si eres un gringo, aprecias tener “espacio personal”, es decir unos 60 centímetros entre tu cuerpo y el de la persona con quien estás conversando. En Chile, hasta los desconocidos te hablan a corta distancia. Y no nos olvidemos de que los chilenos besan a todo el mundo.

 

11. Nunca llegas a un lugar con las manos vacías.

Sabes que lo correcto cuando vas de visita a la casa de un amigo es llevar un pequeño presente.

 

12. No confías en las otras personas.

Los chilenos suelen percibir a su país como un lugar mucho más peligroso que lo que de hecho es, por lo que advierten a los extranjeros que tengan cuidado ya que “los chilenos roban”. Cuando a un amigo chileno le robaron el celular del bolsillo en Barcelona, bromeó con sus amigos diciendo que probablemente el ladrón era chileno.

 

13. Las paltas son multiusos.

En la versión hollywoodense Mi Gran Casamiento Griego, todo parece resolverse con un limpiador de vidrios Windex. Los chilenos tienen una creencia similar sobre la palta. No solo es un alimento versátil, sino también un hidratante para la piel, un acondicionador para el cabello y un remedio casero.

 

14. Haces lo que sea por una ducha caliente.

Si deseas agua caliente en Chile, primero debes encender la llama de una cosa llamada calefón. A veces, no parece valer la pena el esfuerzo.

 

15. Te has vuelto extremadamente formal.

Los chilenos son muy formales y tratan de “usted” (no de “tú”) a los ancianos, a los desconocidos y las personas con autoridad. Este gesto de respeto ha calado tanto en ti que casi sientes la necesidad de hacer una reverencia cuando te retiras de una habitación.

 

16. Cuando de vinos chilenos se trata, te pones a la defensiva.

Sabes que el Cabernet Sauvignon chileno está entre los mejores del mundo, y sales a defender los vinos nacionales frente a sus contrapartes franceses, españoles y argentinos con mayor reconocimiento internacional.

 

17. Apenas si te entiendes a ti mismo y nadie te entiende a ti al hablar.

Con el abundante uso de slangs, insultos y expresiones idiomáticas típicas, sumado a la rápida y abreviada pronunciación de las palabras, hasta los propios chilenos a veces no se entienden al hablar. El hecho de que nadie te entienda es casi una prueba de que te estás adaptando a la forma de hablar local.

 

18. Has aprendido cómo pronunciar cada expresión chilena con exactitud.

A los chilenos les encanta alargar ciertas sílabas, y hay algunas palabras que –curiosamente- son pronunciadas de una manera muy particular por todos los chilenos. Por ejemplo:

“Puuuuucha. Qué laaaaata. Qué foooome.” “Qué weeeeno” “Weeeena, weon” “Yapo!” “Vamo’ altiro” “Vamo’ pa’lla” “CuÁtico!”

 

19. Consideras que Chile es una isla.

Con el desierto al norte, los Andes al este, los hielos de la Patagonia al sur y el Océano Pacífico al oeste, has aprendido que Chile es un territorio aislado de Sudamérica, con una cultura diversa y una forma de hablar única.

 

20. Crees que Chile es mejor que Argentina.

Y es que, de hecho, lo es.


Este artículo fue publicado en inglés el 24 de noviembre de 2014.

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