En todas las culturas del mundo hubo guerreros míticos, cuyas heroicas hazañas en el campo de batalla dieron lugar a superproducciones de cine y televisión. En México también existieron soldados o guerreros prehispánicos cuya valentía nos sigue inspirando aún hoy, y que serían los protagonistas ideales de una serie o producción hollywoodense. Ya te hemos contado sobre los guerreros jaguar, sobre los guerreros águila y hasta sobre los guerreros rapados otomíes. Hoy te traigo a estos siete guerreros de película, para que puedas imaginarte sus aventuras que, tal vez algún día, podamos ver en la pantalla.

Kaibil Balam (el de la fuerza de dos jaguares)

El héroe maya que tuvo que enfrentar las más duras pruebas de su reino para coronarse como ahau (rey) y, así mismo, vivió la llegada de los españoles, a quienes decidió darles caza con sus 120 mejores hombres una vez que comenzaron a invadir y saquear pueblos.

De Kaibil Balam no se supo su final. Sin embargo, no es difícil suponer que murió luchando contra los invasores.

Uno de sus lemas fue inmortalizado por la élite Los Kaibiles del Ejército de Guatemala, creada en 1974: “Si avanzo, sígueme. Si me detengo, aprémiame. Si retrocedo, mátame”. Es más, muchos guatemaltecos se preguntan cómo es que Kaibil Balam no es héroe nacional.

Jacinto Canek (Serpiente Negra)

Fue uno de los referentes de la resistencia maya ante los españoles, aún cuando la ocupación ya llevaba 200 años. Jacinto Can Ek aprendió desde niño todo sobre la cultura europea y cristiana, para instruir a sus allegados y utilizar las tácticas de sus enemigos en su contra.

Fue un hombre excepcional que supo mover a su gente para organizar la independencia mental, espiritual y laboral a la que los opresores los tenían obligados. Fue el gran héroe maya que se negó a arrodillarse ante una cruz y, sobre todo, se negó a creer que el destino de su pueblo era servir a los extranjeros.

Can Ek organizó la más grande rebelión en la región maya contra los españoles, fue capturado y escapó para seguir dando batalla. Hasta la fecha, no se sabe que sucedió con él ni cómo murió.

Tlahui Cólotl (Escorpión Armado)

Este es el mítico héroe tlaxcalteca que Moctezuma trató de persuadir para dirigir a su poderoso ejército en sus campañas de conquista, pero que no aceptó por la buena, sino que tuvo que ser capturado y obligado a ello.

Poco tiempo después fue liberado, pero Tlahui Cólotl no podía regresar con semejante humillación a su reino, así que eligió morir como un soldado anhela: peleando. No una pelea cualquiera, sino contra los mejores hombres del imperio mexica y con una espada de madera sin filos de obsidiana, hiriendo a 20 y asesinando a 8, entre los que había soldados de gran valor para Moctezuma.

Xicohtencatl (El que vive a la orilla de los panales)

Fue un joven príncipe tlaxcalteca que se enfrentó a Hernán Cortés y sus hombres en su entrada al reino de Tlaxcala. Aunque no tuvo éxito en la primera batalla, el príncipe sugirió a su padre buscar una alianza con Cuitláhuac, el tlatoani de Tenochtitlan, quién si había podido derrotar a los españoles, demostrando más fiereza que su antecesor Moctezuma.

Por su parte, los mexica también buscaron aquella añorada alianza, aunque Cortés le ofreció a Tlaxcala una parte de los territorios conquistados, lo que determinó que se sellara el pacto entre los tlaxcaltecas y los españoles, que llevó a la guerra contra Tenochtitlan.

Si bien aquel jóven príncipe pudo ser una parte fundamental en la caída de Tenochtitlan, sus aportaciones y propuestas fueron ignoradas por el ejército español, lo que le dejó muy en claro que la alianza no se configuraba entre iguales, sino en un orden jerárquico.

Por ello, en mayo de 1521, marchó a Tlaxcala con la intención de derrotar a Cortés. Sin embargo, una vez derrotados los mexica, Cortés ordenó la aprehensión de Xicohténcatl Axayacatzin y su muerte en Texcoco como desertor, concluyendo así la vida de un guerrero que supo ver lo que deparaba el futuro para su pueblo.

Tzilacatzin

Fue soldado de grado otomí al que los españoles no pudieron vencer durante el asedio de Tenochtitlan, y al cual temían y respetaban bastante por su arrojo y valentía en el campo de batalla.

Los españoles describen a Tzilacatzin como un soldado poderoso que se camuflaba entre el ejército mexica y no temía de los arcabuces, ni sentía temor ni respeto por sus enemigos.

De su muerte no se tiene registro y de su vida no se sabe nada, pero la forma en que combatía a los españoles nos hace imaginarlo como un soldado épico.

B’otzanga (Lagartija oscura)

Se trata del rey de Xiquipilco, quién para defender a su reino tuvo que dirigir la campaña militar contra el tlatoani Axayácatl (de Tenochtitlan) y Nezahualpilli (Texcoco), quiénes ya habían derrotado a los reinos de Toluca, Calixtlahuaca, Metepec, Cacalomacan, Tenanzinco, Calimaya, Coatepec, Malinalco y Jocotitlán.

En el momento más álgido de la batalla, B’otzanga se encontró con Axayácatl y, de una forma épica, se enfrentaron cuerpo a cuerpo resultando casi vencedor el rey otomí, hasta que los escoltas de Axayácatl le brindaron auxilio al tlatoani.

Iya Nacuaa Teyusi Ñaña (Ocho Venado Garra Jaguar)

Fue un gobernante Ñu Savi (mixteco) y su vida estuvo marcada por eventos legendarios desde su nacimiento. Un ejemplo es su encuentro con la diosa Nueve Hierba, señora de Chalcatongo, de la que Teyusi Ñaña recibió algunas reliquias útiles para la fundación de un nuevo reino: un bulto sagrado, un bastón de pedernal, un pez de oro y un escudo en forma de calavera.

Es decir, este increíble hombre no heredó su reino de algún familiar, sino que creó uno nuevo con base en su enorme determinación.

A los 16 años consiguió su primera conquista y llegó a establecer una alianza con Cholula para expandir las fronteras de ambos reinos, incluso a las islas cercanas a las costas. También unificó a las tres mixtecas: Tilantongo, Teozacoalco y Tututepec.

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