Los enteógenos son sustancias de origen vegetal con propiedades psicotrópicas que, al ser ingeridas, producen un estado alterado de conciencia. Se cree que su uso está estrechamente ligado a la evolución de la especie humana, y hay hipótesis que sostienen que el uso de estas sustancias fue el empuje evolutivo que marcó la aparición de la consciencia en el ser humano, dando pie así al chamanismo primitivo.

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Con el paso del tiempo, el uso de enteógenos se convirtió en un elemento central de las ceremonias tribales de guía y limpieza espiritual, aunque el choque con la cosmovisión religiosa imperante en Occidente resultó en un detrimento de su uso, así como en la prohibición de los rituales.

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Actualmente y desde los años 50, Occidente ha vuelto su mirada hacia el proceso sanador e integrador que estas sustancias logran en la psique humana, logrando aumentar nuestra energía, abrir la mente para enriquecer nuestro mundo interior y el permitirnos acceder a estados de mayor integración, compasión y creatividad.

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A continuación, enumeraré solo unas cuantas de las diversas plantas de poder y enteógenos prevalecientes en el continente americano, aunque primero me gustaría que recordáramos que no ha pasado ni un siglo desde la irrupción en el pensamiento occidental de todas estas sustancias, por lo que no es mi posición el fomentar su uso, ya que aún estamos experimentando acerca de sus potencialidades sobre nuestra psique y desarrollo humano. Será entonces decisión de cada persona el acceder a estos estados no-ordinarios de la consciencia, ya sea con un guía o chamán ético y profesional; pero sin olvidar hacerlo con la mayor responsabilidad y seguridad posible, en el marco de un retiro facilitado por profesionales del campo del desarrollo humano.

También: en caso de decidir utilizar cualquier tipo de sustancias como herramienta de desarrollo interior, es de suma importancia que sea complemento a otro tipo de prácticas, como la psicoterapia, el coaching, prácticas de corporalidad profunda, el yoga, las artes marciales, el ejercicio físico, la sana alimentación, el arte y la creatividad. Existe una extendida creencia de reverenciar a las plantas y hongos de poder, asumiendo que de manera automática sanarán todos los males físicos y mentales del buscador, ignorando que es absolutamente indispensable la firme voluntad de querer transformarse en una mejor versión de sí mismo.

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Ahora sí, ¡las plantitas!

Ayahuasca

Se dice que ha sido consumida por las etnias de la amazonia brasileña, peruana, ecuatoriana, venezolana y colombiana por más de 6000 años.

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Se trata de un brebaje que contiene dos especies de plantas: Psychotria Viridis (chacruna) y Banisteriopsis Caapi (ayahuasca). La ayahuasca contiene alcaloides que permiten al componente psicoactivo primario de la chacruna, la Dimetiltriptamina (DMT) entrar en el cuerpo.

La ayahuasca se utiliza en rituales de sanación sudamericanos, con la finalidad de limpiar el cuerpo y la mente, de acceder a estados de consciencia amplificados para, desde allí, expandir la propia visión del mundo. Hay dos aspectos que resaltan dentro de su uso: cómo se están limpiando el cuerpo físico, mental y emocional, la aparición del vómito continuo, diarrea, catarsis como la risa y el llanto son muy comunes como forma de depuración. Y, por otro lado, la mayoría de los consumidores reportan la presencia de una amorosa figura femenina que les guía en este viaje; por lo que es llamada “la abuelita ayahuasca, la madre”.

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Visiones, estancia en dimensiones superiores y profundas comprensiones de nuestra misma biografía son parte de un viaje que, independientemente de sus contenidos psíquicos, permanece como una experiencia imborrable.

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Peyote

El Lophophora Williamsii, mejor conocido como peyote, es una cactácea que crece en las regiones desérticas del norte de México y del sur de Estados Unidos. Desde épocas precolombinas, su consumo lo han incentivado las etnias norteamericanas como los huicholes, rarámuris, navajos y mexicas, dando pie a una proliferación de la espiritualidad nativa, enfocada en su conexión con el desierto y los espíritus guías que en él habitan.

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La sustancia psicoactiva que le caracteriza es la mescalina. El peyote se consume en ceremonias sagradas guiadas exclusivamente por los chamanes de dichas etnias. Actualmente, la comunidad indígena huichol prevalece realizando viajes a distintas ciudades de todo el mundo compartiendo lo que ellos llaman “medicina”, dado su poder depurador tanto en el cuerpo como en mente. La medicina acerca al participante a dimensiones psicodélicas y de conexión en distintos grados, ya que a veces el “viaje” puede venir acompañado de mucho malestar físico, psíquico o emocional o, por el contrario, de una apertura y ligereza excepcionales.

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También existe otro ceremonial wixárika basado en una larga caminata al desierto que puede extenderse por días, en la que se busca al “Abuelo Peyote”. Cuando lo encuentran, estas singulares cactáceas son consumidas en pleno desierto, dando al participante un viaje de conexión con los elementos naturales, al entrar profundamente en estados no-ordinarios de consciencia.

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Hongos psilocibios

Aunque no son plantas, este tipo de hongos son utilizados desde hace milenios por las etnias de México central y Centroamérica, especialmente por los nativos mazatecas del norte de Oaxaca, sur de Puebla y Veracruz, para conectarse con los espíritus y los elementales, con la finalidad de conseguir su guía y protección.

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Psilocybe Aztecorum, Psilocybe Caerulescens, Psilocybe Mexicana, Psilocybe Cubensis y Psilocybe Caurencis son solo algunas variedades de los llamados “hongos mágicos” cuyas sustancias psicoactivas son la psilocibina y la psilocina.

Denominados en náhuatl teonanácatl (“carne de los dioses”), estos hongos proliferan entre el mundo azteca como parte fundamental de su cosmovisión, celebraciones y rituales de sanación ancestrales a los que generalmente accedía solo la nobleza. Inclusive cronistas españoles de la época de la conquista, como Fray Bernardino de Sahagún, describen su extenso uso ritual, siendo brutalmente prohibido su consumo durante la colonia y el virreinato, por lo que desapareció de la vista del mundo occidental.

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Fue hasta los años 50 que diversos investigadores estadounidenses llegaron a México atraídos por historias de una misteriosa indígena mazateca llamada María Sabina, quien compartía este tipo de hongos -en ese entonces desconocidos- en un formato ritual-ceremonial de sanación espiritual. En efecto, María Sabina y sus ceremonias con “hongos mágicos” se volvieron sumamente populares en el ambiente científico mundial (lo que llevó a la experimentación y posterior producción de psilocibina sintética), el ambiente intelectual e inclusive de la farándula.

Durante sesiones rituales con estos hongos, los participantes reportan la presencia de distintos personajes que parecen niños, los cuales juguetonamente los guían y se divierten con ellos en este viaje que puede estar lleno de experiencias visuales coloridas, sentidos aumentados y profundas comprensiones.

Aunque actualmente se ha vuelto popular el uso recreativo de estos hongos, su potencial médico y -sobre todo en forma ritual-ceremonial para el desarrollo interior de las personas-, es enorme, ya que se ha demostrado su eficacia médica en el tratamiento tanto de adicciones como depresión, con un alto índice de éxito.

La dietilamida de ácido lisérgico o LSD

Es un componente derivado de la ergotamina, sustancia producida justamente por un hongo: el cornezuelo del centeno (Claviceps Purpúrea).

A partir de su accidental descubrimiento en la década de 1930, fue puesto a disposición de laboratorios y psiquiatras de todo el mundo con fines de investigación dado su enorme potencial psicodélico. Inclusive el psiquiatra Stanislav Grof cambió completamente su vida al acceder a un solo “viaje” con LSD como parte de las investigaciones que realizaba. Y dado el impacto que tuvo al acceder a dimensiones del tiempo y del espacio más allá de la consciencia ordinaria, perfeccionó sus investigaciones creando con el paso de los años, un “mapa de la psique” excepcional, por lo cual Grof se ganó un lugar como uno de los bastiones de la psicología transpersonal.

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La prohibición gubernamental de Estados Unidos en los 60, que se extendió posteriormente a casi todo el mundo, detuvo todas las investigaciones con el LSD, así como su uso lúdico que en aquel entonces fue exacerbado por los numerosos movimientos contraculturales.

Actualmente, el LSD es el psicoactivo por excelencia. En ambientes controlados y autorizados, favorece el tratamiento de adicciones, depresión, entre otras manifestaciones psíquicas. Aunque utilizado en mayor medida de manera lúdica, el LSD empleado de introspección es un poderoso agente de cambio, se convierte un viaje interior que aumenta la percepción sensorial, en el cual la psicodelia unida a la imaginación del consumidor le lleva a estados no-ordinarios de la conciencia que conectan con la esencia misma del ser humano.

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