La piñata, el nacimiento, las posadas, los reyes magos, las pastorelas, la cena de Navidad y los villancicos son costumbres que comenzaron en México al momento de la conquista, con tal arraigo que han perdurado desde el período virreinal hasta nuestros días. Y aunque pareciera que todas estas tradiciones navideñas mexicanas pertenecen a la religión cristiana, los nativos de estas tierras, en realidad, las dotaron de rasgos y elementos que les eran conocidos y que representaban la cosmovisión de sus ancestros en la época prehispánica.

Photo: clicksdemexico | Shutterstock

Los frailes de las distintas órdenes encargados de la evangelización de la Nueva España se encargaron de difundir la religión católica y aprovecharon para ello fechas que les eran entrañables a los ahora nuevos católicos. Un ejemplo de ello es el día en que los aztecas celebraban el nacimiento de Huitzilopochtli y que coincidía con el solsticio de invierno y con las vísperas de la Navidad.

 

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Los tenochcas llevaban invitados a sus casas y les ofrecían tzóatl que es el amaranto en dulce que hoy conocemos como alegría.

 

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De este modo fueron surgiendo diversas fusiones a lo largo y ancho del país, producto del sincretismo de las tradiciones cristianas con costumbres indígenas. En este artículo te voy a contar sobre algunas de estas tradiciones navideñas mexicanas.

 

Chihuahua

En la Sierra Tarahumara se encuentra el poblado Sisoguichi (“lugar de las flores”), donde en 1676 se fundó el Centro de Misiones jesuita. Aquí, la celebración navideña se lleva a cabo los días 8, 12, 24 y 31 de diciembre y el 6 de enero (Día de Reyes), con un ritual que comienza con el baile de los matachines, quienes zapatean durante toda la noche en una danza de oración por el bienestar de la comunidad y para agradecer a Dios su bendición. Se acompaña de música tarahumara interpretada con violines e instrumentos de percusión, hechos por los mismos artesanos de la comunidad.

Esos días se sirve un guisado de res que llaman tónari, en el que se incluyen la carne y vísceras del animal. El 25 de diciembre por la mañana se lleva a cabo la misa de Navidad en la iglesia del pueblo, a la que acuden habitantes de todas las comunidades tarahumaras cercanas.

 

Guerrero

En Chilpancingo se realiza cada año el Teopancalaquis, que en español significa “ir a la casa de Dios” (Teo-Dios y Calli-casa). El 24 de diciembre todos los danzantes visitan al niño Dios, durante la Feria anual de San Mateo, Navidad y Año Nuevo. Todo inicia con un recorrido desde la plazuela del barrio de San Mateo a la Catedral de Santa María de la Asunción, que se encuentra en el zócalo del municipio.

Participan danzantes de los cinco barrios tradicionales de la ciudad, para agradecer a Dios por los favores recibidos durante el año. Se cree que esta festividad, cuya antigüedad data de 200 años, se origina por la devoción del cacique indígena Don Nicolás, que llegaba todos los 24 de diciembre, desde la comunidad de Petaquillas.

 

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El recorrido es de 4,5 kilómetros y, si lo sigues, podrás admirar las principales danzas representativas de las siete regiones del estado: danza de los tlacololeros, de los pescados, de los moros, de los chinelos, de los diablos y de los manueles. Todas estas danzas tienen como objetivo el presentar sus respetos al niño Dios y celebrar su nacimiento.

 

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Sonora

En este estado existen ocho etnias originarias: guarijío, seri, pápagos (Tohono o’odham), pima, cucapá, kikapoo, mayo y yaqui. Estos últimos dos grupos étnicos están asentados en el sur de Sonora y sus rituales para la celebración de la Navidad son un claro resultado entre la tradición indígena y lo que los misioneros jesuitas les enseñaron, por lo que también forman parte de nuestra lista de tradiciones navideñas mexicanas.

En el pueblo Loma de Bácum se desarrolla una pastorela con algunas características parecidas a las que se hacen en el resto de México. Se realiza en la iglesia durante la noche del 24 de diciembre y hasta las primeras horas del 25, con la intervención de actores locales. La diferencia principal con las demás pastorelas es que, en lugar del diablo, aparecen los pascolas como los seres malignos, traviesos y jocosos.

 

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Estos danzantes siempre aparecen en las festividades más importantes de los pueblos originarios de Sonora y, durante la Navidad, danzan durante el nacimiento del hijo de Dios, y son llevados al templo, guiados por las cantoras y los maestros rezanderos. Conforme a su cosmovisión son hijos del diablo, a quienes Dios rescató al ganárselos en un juego. También aparece la Danza del Venado, a quien consideran un ser primigenio y benigno, según su mito de la creación.

 

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Al sonar las doce de la noche cada danzante da la bienvenida al niño Jesús, acariciándolo con las plumas que usan cuando danzan frente a él. Después se realiza una procesión dentro del templo, en la que cuatro niños cargan la imagen, resguardándola bajo un toldo hecho de tela y carrizo. Durante los siguientes días se llevan a cabo algunas misas y en las casas suelen cocinar guacabaqui, su platillo tradicional con carne de res y verduras.

 

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Se da por terminada la fiesta a las cinco de la mañana del primero de enero. Todo el pueblo se reúne para levantar al niño Jesús y cortar su cordón umbilical.

 

Michoacán

La fusión de la cultura purépecha y española hacen de la Navidad en ese estado algo único. En el municipio de Tarímbaro se realiza la fiesta de Takari, donde danzan por calles del pueblo mientras se recoge el heno para elaborar el lecho del Niño Dios. La tradición dice que, durante la colonia, una familia muy pobre acostumbraba vestir a sus hijos con paja y los llevaban al pueblo para que bailaran ante el sacerdote, quien en recompensa les obsequiaba una naranja.

A partir de ahí surgió la costumbre de organizar bailes por las calles. Se comienza danzando en la entrada del pueblo y se debe llegar hasta la plaza de la iglesia, donde el sacerdote reparte naranjas a los participantes, quienes utilizan atuendos de muchos colores y máscaras de madera.

 

Yucatán

Entre los mayas de algunos poblados de México y Guatemala, el día más importante es el 23 de diciembre, cuando celebran “el nacimiento del sol”. Esta costumbre forma parte de nuestra lista de tradiciones navideñas mexicanas porque es otro caso significativo de sincretismo religioso en México. La fecha fue reajustada por los sacerdotes católicos para que coincidiera con el día de Santo Tomás. Ese día suelen comerse tamales de puerco, que simbolizan la unión entre la naturaleza -el maíz-, el ser humano -la carne- y el Universo, el sol.

Las celebraciones mayas del solsticio invernal empiezan en noviembre, cuando Kʼiin, el sol y Uh, la luna, comienzan a introducirse en el mundo de las sombras y bajan a la oscuridad: el Xibalbá, el inframundo maya. Este viaje finaliza con ceremonias los días 21 y 22 de diciembre, cuando el sol vuelve a emerger triunfante. 

 

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