Hoy en día se da por hecho que los mexica practicaban lo que ha sido denominado como “sacrificios humanos”. ¿Pero cuál es el alcance exacto de este término? Hoy te voy a contar cuál era la interpretación que los mexica le daban a estas muertes rituales y cuál era el contexto y la historia detrás de los sacrificios humanos de los mexicas.

 

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La guerra y los dioses

Para los mexica, la guerra tenía un carácter sagrado, es decir, la muerte en la guerra no tenía el carácter funesto que otras culturas alrededor del mundo le conferían. De hecho, consideraban como el honor más alto morir en el campo de batalla:

“¡No te amedrentes, corazón mío!
Allá en el campo de batalla
ansío morir a filo de obsidiana.
Oh, los que estáis en la lucha:
yo ansío morir a filo de obsidiana.
Solo quieren nuestros corazones la muerte gloriosa”.

“Cantares mexicanos”, Bernardino de Sahagún.

Incluso la guerra poseía un carácter ritual, por lo que no siempre tenía como objetivo una conquista o el sometimiento de un altepetl (reino). Un ejemplo de ello son las xochiyaoyotl, o “guerras floridas’, que eran guerras programadas por la Yexcan Tlahtoloyan contra Tlaxcala y Huexotzinco, a las que se enviaban a los jóvenes a adquirir experiencia en las armas y a capturar enemigos.

La importancia de la habilidad de los soldados en las xochiyaoyotl no radicaba en asesinar a sus contrincantes, sino en capturarlos.

En nuestra cosmovisión hoy en día, la guerra es un enfrentamiento en el que los soldados deben asesinar a otros soldados en el campo de batalla. Esto, en la cosmovisión mexica, era algo deshonroso, pues representaba una salida fácil a una victoria en la que debían mostrarse las capacidades militares.

Una vez finalizada la batalla, a los cautivos se les conducía a Tenochtitlan, donde se les quitaba la vida a través de un ritual especial. La justificación de estas muertes era precisamente la guerra, es decir, la misma razón por la que morían los soldados de todas las culturas antiguas y por la que mueren miles de soldados en nuestros días.

 

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¿Cual es la diferencia entre la muerte en el campo de batalla, en un altar enemigo y un homicidio?

En algunas culturas, incluida la nuestra, el asesinato se castiga con sanciones de diversa índole. Este tipo de asesinatos prohibidos es lo que la arqueología llama “asesinato socialmente sancionado”. Por otro lado, se encuentran los asesinatos socialmente permitidos, como son la pena capital y la eutanasia, los cuales no implican un culpable.

En la sociedad mexica, por ejemplo, casi todas las violaciones a la moral y las buenas costumbres se castigaban con la muerte. Como muestra de ello, las leyes que se implementaron en la Yexcan Tlahtoloyan, autoría de Nezahualcóyotl:

“Que si alguna persona forzase a algún muchacho y lo vendiese por esclavo, fuese ahorcado”.

“Que si alguna persona, aunque fuese principal, tomase de su autoridad alguna tierra, como fuese grande y el dueño fuese a quejar, averiguándose ser así, lo ahorcasen por ello”.

“Que si se averiguase que alguno de los sacerdotes se emborrachase, muriese por ello”

“Los jueces a quienes se averiguase haber admitido cohechos muriesen degollados…”.

“Al hijo que levantase la mano contra su padre o madre, y de algún modo les injuriase, pena de muerte y ex-heredado, para que sus hijos, si los tuviese, no pudiesen suceder en los bienes de los abuelos”.

“Leyes de Nezahualcóyotl”.

Pero la excusa más común para asesinar gente sin recibir una sanción es la guerra, tanto en nuestros tiempos como en los de los mexica. Ellos justificaron estas muertes rituales precisamente en el contexto de la guerra y no como un simple “sacrificio humano”.

Incluso, la idea que nosotros manejamos respecto la práctica de sacrificios humanos de los mexicas era un concepto desconocido por ellos mismos, y el término llegó a nosotros por interpretación de los frailes.

En lo referente a estos asesinatos, absolutamente todas las sociedades justifican la guerra involucrando a algún dios o a alguna virtud legada por este a la humanidad. Los españoles, sin ir más lejos, dijeron que la guerra contra los mexica era para instaurar la fe en su dios, y los mexica a su vez justificaban sus guerras en honor a Huitzilopochtli.

 

¿Por qué la historia ha retratado a los mexica como sanguinarios?

Una pregunta que tiene su motivación en la justificación que necesitaban los españoles para invadir las tierras del actual territorio mexicano sin recibir sanción alguna. Es decir, para que las muertes ocasionadas por ellos fueran consideradas “asesinatos socialmente permitidos”, algo así como un daño colateral necesario.

Si comparamos el número de muertes ocasionadas por los europeos en su historia medieval, este es definitivamente mayor al número de muertes ocasionadas por los mexica en sus sacrificios.

 

¿Entonces por qué vemos a los mexica como sanguinarios?

El juicio parece provenir del hecho de que los mexica no asesinaban a sus enemigos en el campo de batalla, sino que retardaban su ejecución, que además no ocurría en manos de los soldados, sino de sacerdotes en el Huey-Teocalli (Templo Mayor). Esto, insisto, a pesar de que el número de muertos debió ser muy escaso en comparación con las muertes que sucedieron en los campos de batalla en una guerra europea.

Fray Diego Durán, por ejemplo, relata que en la consagración al Huey Teocalli fueron sacrificados más 80 mil hombres:

“…y que murieron en el, como dejo dicho, ochenta mil y cuatrocientos hombres de diversas provincias y ciudades, lo cual se me hizo increíble…”.

“Historia de la Indias de Nueva España e Islas de tierra firme”.

Esta relación nos muestra una clara exageración, pues la muerte de 80,400 hombres en un día implicaría que cada hora fueron muertos 3,350, es decir 56 hombres por minuto…

Aunque lo anterior fuera cierto, aún el número de muertes es mucho menor a las muertes ocasionadas, por ejemplo, en las guerras de las cruzadas, en las que el saldo total se ha estimado en más de 20 millones de víctimas del año 1095 al año 1492.

Otro ejemplo de un verdadero número elevado de derramamiento de sangre es el saldo total de la batalla de Stalingrado entre la Unión Soviética y la Alemania Nazi, del 2 de junio de 1942 a febrero de 1943, que provocó la muerte de entre 3 y 4 millones de personas.

Sin embargo, estas guerras no figuran en las consideraciones de aquellos que buscan desprestigiar la cosmovisión mexica, aludiendo que los supuestos sacrificios son un acto de salvajismo, pues los mexica no asesinaban por recursos en guerras como las xochiyaoyotl.

 

¿Y por qué peleaban entonces los soldados mexica, si no era por recursos?

Como en toda sociedad, la realización correcta de un trabajo hace merecedor a cualquiera de un ascenso o de algunas recompensas por ello. Esto era así también con los soldados mexica, a quienes sus victorias les traían riquezas y un mejor posicionamiento social.

Un ejemplo de ello es la importancia que Ahuizotl le otorgó al ejército durante su mandato, cuando ordenó construir el recinto de las águilas a un costado del Huey-Teocalli (foto 1) y también el Cuauhcalli o casa de las águilas en Malinalco (foto 2). Esto demuestra que el plan del tlatoani era crear dirigentes militares profesionales para su imperio, lo que implica que los soldados tenían mejores beneficios al participar activamente en las batallas y seguir las órdenes.

 

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De esta forma, considerando la cantidad de víctimas de las muertes rituales que narran los españoles y que la arqueología ha podido demostrar en sus descubrimientos, los mexica resultan ser relativamente más pacíficos comparados con otras sociedades alrededor del mundo.

Por otra parte, la motivación que tenían los soldados para capturar a sus enemigos provenía de las órdenes de los sacerdotes en Tenochtitlan, que a su vez fundamentaban la existencia de su sociedad en los mitos que rodeaban a la creación de la humanidad. En específico, se referían al mito de los soles según el cual -relata el Códice Borgia-, el sol que fue creado para nuestra existencia requería de sangre para su movimiento cotidiano por la bóveda celeste, por lo que los dioses creadores se arrojaron a la hoguera divina en ofrenda a este nuevo sol. De ahí en adelante, la humanidad debía así mismo ofrendarle sangre continuamente.

 

Las evidencias

Además de las representaciones en códices y monumentos, se han localizado evidencias en lo que una vez fue el Huey-Teocalli de Tenochtitlan, dedicado a Huitzilopochtli y a Tláloc: el téchcatl, o piedra de los sacrificios, fue encontrado en las cercanías al templo, así como algunos cuchillos de pedernal y varias ofrendas en las que había individuos sacrificados.

 

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También se encontraron 45 cráneos con las vértebras cervicales. Este último hallazgo indica que las víctimas fueron decapitadas, así mismo algunos de esos cráneos contaban con orificios en los temporales, señal de que habían formado parte en alguna ocasión del tzompantli (imagen).

 

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Crédito: @liizbeethsoy

 

¿Por qué la necesidad de ofrendar al enemigo, en lugar de asesinarlo en el campo de batalla?

Las ofrendas rituales de enemigos impregna el pensamiento mexica desde sus leyendas fundadoras. Durante la creación del mundo, por ejemplo, cuando Quetzalcóatl y Tezcatlipoca se enfrentaron a Cipactli, Tezcatlipoca sacrificó su pie para atraer al monstruo, que a su vez quería devorar a los dioses para satisfacerse. Esto indica que después de la batalla en sí, ganara quien ganara, alguien debía ser sacrificado.

Photo: Lau B.

De igual forma, como lo mencioné líneas arriba, el nacimiento del sol y de la luna demuestra la necesidad de un sacrificio, pues Nanahuatzin y Tecuciztécatl se autoinmolan en la hoguera divina para resurgir como astros después de una dolorosa transformación. Luego, el sol se rehúsa a transitar por el cielo a menos que los demás dioses se quiten la vida.

Un texto del cronista Cristóbal del Castillo relata que el dios Tetzauhteotl pactó con el líder mexica Huitztli (que después fue divinizado y convertido en Huitzilopochtli), pacto que los conduciría a la riqueza bajo una serie de condiciones que explican la conducta bélica de los mexica:

“…aquello que recibiréis en vuestro interior será la calidad de las águilas, la calidad de los ocelotes, el agua divina y la hoguera, la flecha y la rodela. De eso iréis viviendo (de eso obtendréis) lo necesario, pues iréis provocando mucho espanto (y) el pago de vuestros pechos y de vuestros corazones será que iréis conquistando, iréis atacando y arrasando a todos los macehuales, los pobladores que ya están allá, en todos los lugares por los que pasaréis.

Y a vuestros prisioneros de guerra, a los que haréis cautivos, les abriréis el pecho sobre la piedra de sacrificio, con el pedernal de un cuchillo de obsidiana. Y haréis ofrenda de sus corazones hacia el -(ollin tonatiuh) (sol de) movimiento cuando se prenda, se muestre su resplandor en el cielo al salir por el sur. Entonces lo iréis a encontrar y hacia él elevaréis la ofrenda (de sus corazones), y la de la sangre. Y cuando así lo hayáis hecho, enseguida [lo haréis) para mí, y después para Tláloc y para todos los dioses mis amigos, que ya conocéis”.

“Historia de la venida de los mexicanos y otros pueblos”.

 

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Para los mexica, este acto de sacrificio representa en sí un intercambio de favores, pues por una parte los humanos aportan la sangre que los dioses requieren y ellos, a cambio, le dan a los mexica un sol y un mundo fértil en el cual vivir; además de la potestad para conquistar y poseer riquezas, por lo que este ciclo es interminable en la cosmovisión mexica.

Así que, como puedes apreciar, este asunto de los sacrificios humanos de los mexicas es más complejo que una muerte en un altar enemigo. Se trata de una forma de guerra y una forma de agradecimiento a los dioses, y no es menos ni más sanguinaria que las utilizadas en otras guerras alrededor del mundo, tanto en el pasado como en el presente. 

 

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