Tal vez no lo sepas, pero mucho antes de la llegada de los españoles los mexica estuvieron a punto de perder su imperio a manos de un solo hombre, B’otzanga -señor otomí del pueblo de Ndongu-, en una de las batallas más feroces de aquella era.

El nombre de este gran guerrero significa, tanto en náhuatl (Tlilcuetzpall) como en hñä-hñü, “lagartija negra”.

Esta historia que hoy te traigo se sitúa en el año 12 tochtli, que equivale al 1478 de nuestra era. Axayácatl, tlatoani mexica, había comenzado su campaña militar contra los reinos matlatzincas asentados en valle de toluca, acompañado de Nezahualpilli, tlatoani de Texcoco. Axayacatl tenía a su mando un ejército de aproximadamente 40.000 hombres.

El códice mendocino nos cuenta sobre las conquistas de los mexica de 1325 a 1521, y así podemos apreciar la época en que Axayacatl había conquistado los pequeños señoríos del actual Toluca, que eran Calixtlahuaca, Metepec, Cacalomacan, Tenanzinco, Calimaya, Coatepec, Malinalco y Xocotitlan. Solamente hacía falta someter a los otomíes, por lo que la Excan Tlatoloyan les llevó la guerra.

«…Un día que el rey Axayacatl iba victorioso tocando su tambor de oro le salió al paso al jefe de los xiquipilcas llamado Tlilcuetzpalin (B’otzanga), quién acompañado de dos de sus jefes llamados Itacuicuani y Tlamaca lo retó a combatir (…) Ambos lucharon con gran valor y fue Tlilcuetzpalin quién derribó a Axayácatl y le hirió en un muslo…”.

(“Crónica mexicáyotl”, Fernando Alvarado Tezozómoc).

Axayácatl salió al encuentro de B´otzanga, pues deseaba medir sus habilidades con él, comenzando así su propia batalla.

Por ser mexica y por representar la cabeza del imperio, seguramente Axayácatl fue bastante agresivo en su ataque, pues la educación recibida en Tenochtitlan formaba soldados desde la niñez.

“…(Tlilcuetzpalin) derribó a Axayácatl, le hirió en un muslo, herida que lo dejaría cojo para el resto de sus día,s y Axayácatl desesperado le dijo:

-¿Cómo te llamas? que tu desde luego serás gran señor…
y él le respondió:

– Llámame Tlilcuetzpal-.

Díjole Axayacatl:

-Mira insolente, si me quitas la vida será tuyo México-Tenochtitlan…”.

Sin embargo, en este punto la historia dio un giro inesperado, propio de los momentos tensos en las batallas, pues Axayácatl fue auxiliado por el capitán general de Texcoco llamado Quetzal Malitzin quien, con la ayuda de otros capitanes, apresó a Botzanga y a sus dos jefes, en la que fue una jugada totalmente a traición, ya que se suponía que se trataba de un duelo mano a mano que ya tenía ganador.

Una vez finalizada la batalla, Axayácatl regresó a Tenochtitlan con más de 10 mil cautivos de guerra, según relatan en sus libros Torquemada (“Monarquía Indiana”) y Fernando Alvarado Tezozómoc ( “Crónica mexicáyotl”).

Con la victoria entre las manos, Axayácatl envió mensajeros con rumbo a Tenochtitlan para anunciar la noticia de lo acontecido en el campo de batalla. De seguro fue un hecho muy notable para los mexica, pues la poetisa Macuilxóchitl, hija de Tlacaélel, compuso un breve poema que evoca lo sucedido.

“Elevo mis cantos,
Yo, Macuilxóchitl,
con ellos alegro al “dador de la vida”,
¡comience la danza!

¿Adónde de algún modo se existe,
a la casa de Él se llevan los cantos?
¿O sólo aquí están vuestras flores?,
¡comience la danza!

El matlatzincas tu merecimiento de gentes,
señor Itzcóatl:

¡Axayacatzin, tú conquistaste la ciudad de Tlacotepec!

Allá fueron a hacer giros tus flores,
tus mariposas.

Con esto has causado alegría.

El matlatzinca está en Toluca, en Tlacotepec.
Lentamente hace ofrenda de flores y plumas
al “dador de la vida”.

Pone los escudos de las águilas
en los brazos de los hombres,
allá donde arde la guerra,
en el interior de la llanura.

Como nuestros cantos,
como nuestras flores,
así tú, el guerrero de cabeza rapada,
das alegría al “dador de la vida”.

Las flores del águila
quedan en tus manos,
señor Axayácatl.

Con flores divinas,
con flores de guerra queda cubierto,
con ellas se embriaga
el que está a nuestro lado.

Sobre nosotros se abren
las flores de guerra,
en Ecatepec, en México,
con ellas se embriaga el que está a nuestro lado.

Se han mostrado atrevidos los príncipes,
los de Acolhuacan, vosotros los tecpanecas.

Por todas partes Axayácatl
hizo conquistas,
en Matlatzinco, en Malinalco,
en Ocuillan, en Tequaloya, en Xocotitlan.

Por aquí vino a salir.
Allá en Xiquipilco a Axayácatl
lo hirió en la pierna un otomí,
su nombre era Tlílatl.

Se fue éste a buscar a sus mujeres,
Les dijo:

“Preparadle un braguero, una capa,
se los daréis, vosotras que sois valientes.”

Axayácatl exclamó:

“¡Que venga el otomí
que me ha herido en la pierna!”

El otomí tuvo miedo,
dijo:

“¡En verdad me matarán!”

Trajo entonces un grueso madero
y la piel de un venado,
con ésto hizo reverencia a Axayácatl.

Estaba lleno de miedo el otomí.
Pero entonces sus mujeres
por él hicieron súplica a Axayácatl”.

Como puedes apreciar, Macuilxóchitl relata en su poema una hazaña en la que Axayácatl infundió miedo sobre Botzanga… claro que no iba a retratar a su tlatoani como un perdedor.

La llegada a Tenochtitlan seguramente fue triunfal, pues Axayácatl había capturado a uno de los más feroces señores de los reinos rivales. Sin embargo, hoy nosotros sabemos que aquel tlatoani perdió su reino a manos de un gran señor otomí de nombre Botzanga, el lagarto negro.