Crédito: Víctor Ramírez

1. Hacer tequio.

El tequio es una forma organizada de trabajo para concretar obras de beneficio o interés colectivo. Una costumbre que los oaxaqueños aprendemos desde pequeños gracias a nuestras familias y maestros, quienes nos inculcan el valor del bienestar común.

 

2. Los lunes del cerro.

Mejor conocidos como la fiesta de la Guelaguetza, se trata de una tradición ancestral de raíces prehispánicas y es la festividad más grande de Oaxaca. La Guelaguetza es una fiesta de agradecimiento por la llegada de las lluvias y las cosechas. Representantes de todas las regiones del estado se concentran en la capital para compartir su cultura con el mundo a través de bailes, artesanías y comida.

 

3. La noche de rábanos.

Esta tradición procede de la época colonial, cuando los campesinos locales comenzaron a cosechar los rábanos de gran tamaño que se daban en la región. Es una fiesta popular que se celebra la noche del 23 de diciembre en la plaza de la capital, donde se esculpen infinidad de figuras usando sólo estos deliciosos bulbos. Durante el festejo es costumbre comer buñuelos y romper los platos donde se sirven, ya que según el número de pedazos en que se rompa el traste, será la suerte del comensal durante el siguiente año.

 

4. La tradicional boda oaxaqueña.

Con una duración de tres días, las bodas oaxaqueñas son fiestas en serio. El primer día se celebra la unión civil, en el segundo día tiene lugar la ceremonia religiosa y el banquete. En medio de la fiesta se realiza un baile llamado “Mediu Xigha”, también conocido como el son de cooperación; en este momento los novios se sientan en el centro de la pista y los invitados pasan a bailar con un cantarito donde cada quien colocará dinero. Al terminar la canción, el cantarito se rompe en frente de la pareja como señal de que les irá muy bien en su nuevo camino y de que no les faltará nada. Finalmente, el tercer día se realiza el “lavado de ollas’, donde los novios anuncian la consumación del matrimonio, dando paso a un nuevo festejo.

 

5. El día de la Samaritana.

El dia de la Samaritana se celebra durante el cuarto viernes de cuaresma y la tradición indica que durante este día se deben regalar aguas frescas y nieves. Miles de puestos adornados con flores y cintas de colores aparecen en las plazas y otros sitios públicos de la ciudad para hacer cumplir esta costumbre. Las aguas se sirven desde ollas igualmente adornadas y nadie sin haberse tomado por lo menos un vasito. Otra muestra de la generosidad que caracteriza al pueblo oaxaqueño.

 

6. Los viernes del Llano.

Los viernes del Llano son un concurso de belleza muy peculiar. En este certamen participan estudiantes de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca y los asistentes son los encargados de votar por su contendiente favorita… ¡Regalándole flores! Así es, la participante que más flores recibe de sus compañeros y amigos es la ganadora de este colorido concurso.

 

7. El martes de brujas.

Esta tradición de Santa Cruz Xoxocotlán anuncia la llegada de la cuaresma. Las “brujas” son lámparas de petróleo que protagonizan un encuentro nocturno en el que se comparten tamales y atole en la plaza principal del pueblo, mientras se disfruta de música en vivo y otros eventos culturales.

 

8. Las velas istmeñas.

Esta festividad se celebra en honor del santo patrono local y es organizada por uno o varios mayordomos apoyados por capitanes. Se organizan misas y fiestas en casa del mayordomo y un desfile en carros alegóricos para la «tirada de frutas», en donde las mujeres arrojan frutas y regalos a los espectadores. Durante la celebración de las velas también se realizan las famosas calendas, donde todo el pueblo sale a recorrer las calles, mientras bailan, cantan y toman. Todo esto es previo a la gran cena baile, donde todos portarán su traje istmeño para lucirlo bailando al son de la Zandunga.

 

9. ¡La bendita tradición de tomar mezcal!

“Para todo mal Mezcal y para todo bien también”. Los oaxaqueños no necesitamos ningún pretexto para saborear esta bebida de los dioses y es una falta de respeto cuando no aceptas una copa de nuestra sagrada bebida. Lo tomamos en bodas, bautizos, entierros, antes de comer, después de comer, cuando estamos tristes, enojados, contentos, enfermos, haga frío o calor. ¡Siempre es buen momento para disfrutar de un mezcalito!