1. México te va a echar a perder las playas

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Con el Caribe de un lado y el Mar de Cortés del otro, México no escatima con la belleza de sus playas. No importa si vas al norte o al sur, al Caribe o al Pacífico, por todos lados vas a encontrar playas que han sido mencionadas en innumerables listas como las mejores del mundo. Después de buscar ballenas por la Baja Sur, de surfear en Zicatela, de tomarte fotos en la extrañísima Playa Escondida y de disfrutar de la suave arena caribeña de Isla Pasión, es comprensible si te empiezas a poner exigente con las playas que visitas.

 

2. Vas a salir con exceso de equipaje

¿De verdad le piensas decir que no a ese tapete bordado de Teotitlán del Valle porque no cabe en tu maleta? ¡Pero si es perfecto para tu estudio! Y mira nada más la calidad del bordado… ¿Cuándo vas a volver a encontrar algo así? Y no me digas que no te vas a llevar por lo menos un kilo de mole para tu mamá, unas salsitas de habanero para cotorrear con los amigos o un par de botellas de ese mezcal joven que tanto te gustó y que bien sabes que jamás podrás encontrar fuera de México.   

 

3. Te volverás extra crítico de la comida mexicana en el extranjero

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Todo el mundo dice adorar la comida mexicana. México no te va a cambiar ese gusto, pero si te va a dar una lección de sabor y diversidad culinaria. Una vez que te comas un taco de suadero con limón y salsa verde bajo la luz de un foco de puesto o una concha recién salida del horno de la panadería, nada volverá a ser igual. Regresarás a tu país viendo con desdén los nachos y los taco platters. Vivirás en la eterna añoranza. Y cada que alguien hable de su gusto por la comida mexicana, lo juzgarás en silencio porque seguro no tiene idea de lo que está diciendo.    

 

4. No vas a saber por dónde empezar

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Típico que vienes tres semanas a México y en tu itinerario está desde Chichen Itzá hasta las Barrancas del Cobre, con escala en Chiapas, Oaxaca, Puebla, Veracruz, la Ciudad de México y lo que se te cruce. También típico que a la mitad del viaje te das cuenta que tu itinerario inicial empieza a sentirse bastante irrealizable.

México es enorme y sumamente diverso. Como un local que viaja y al que le falta mucho, pero mucho México por recorrer, no puedo más que recomendarte que te lleves la cosa tranquila. Claro que hay que intentar conocer lo más posible, pero mantén tu itinerario relajado. Por todo México hay mucho que ver y muchas formas de disfrutar el viaje. Si esa playita de la costa oaxaqueña nada más no te suelta, ¡quédate otro rato! Así tienes pretexto para regresar y conocer lo que te faltó.

 

5. Tu antisocialidad será puesta a prueba

Y vas a acabar cediendo. Además de que dominamos el fino arte de la plática casual y que nos gusta hablar hasta por los codos, el hecho de que seas extranjero te volverá el centro de atención. Pronto acabarás siendo cuate de medio mundo y el simple hecho de ir a la tienda de la esquina te podría significar al menos un par de paradas técnicas a echar el chisme. Claro, a menos que quieras ser etiquetado como el güero que no habla.

 

6. Te vas a enchilar

Photo: englishlikeanative

Y no vas a saber ni cómo pasó. Entre que los mexicanos no sabemos dar buenas referencias sobre qué tan picante está la comida y la omnipresencia del mítico chile que no pica, es cuestión de tiempo hasta que tus papilas gustativas ardan como el infierno. Saca tu lado masoquista y disfruta de ese momento de dulce sufrimiento. Así empezamos todos.    

 

7. Tu ego va a crecer más de lo recomendado

La primera vez que visites un mercado, tus sentidos se van a ver sobrecargados con colores, olores, sabores y sonidos a los que no estás acostumbrado. Pero algo que también se va a sobrecargar es tu ego. En estos lugares todos se referirán a ti con halagos y apelativos que invariablemente te robarán una que otra sonrisa. Güerita, reina, chula, marchantita, hermosa… ni a tu mamá te halaga con tanta naturalidad. Ah, y si eres hombre, te van a decir jóven sin importar cuántas primaveras haya en tu calendario.

 

8. Podrías terminar con una nueva mascota

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Siempre comienza igual… Llegas a alguna playa en la que piensas quedarte unos días y te recibe el perrito más carismático del mundo. Tú le haces cariños y hasta le compartes un poquito de tu filete de pescado. Total, las vacaciones son para vivir el momento y sentiste que ese momento era para compartirlo con el Canelo (sí, ya le pusiste nombre). Al otro día el Canelo te está esperando afuera de tu palapa, te sigue todo el día y se sienta a ver el atardecer contigo. De pronto te encuentras en la central de autobuses preguntando —por mera curiosidad— cómo se le hace para transportar un perrito y empiezas a buscar en internet los permisos necesarios para llevártelo a casa. Ese Canelo ya la armó.

Si los perros y los gatos que ponen ojos de plato para demostrar que te podrían acompañar hasta el fin de los tiempos son tu debilidad… ¡agárrate! Aquí es muy fácil terminar con una nueva mascota —o toda una manada— sin siquiera planearlo.

 

9. Puedes romper con tus prejuicios

Inmediatamente te vas a dar cuenta que México es muy diferente a la imagen que pintan los medios extranjeros y es mucho más que las listas de precauciones de las embajadas. Tal vez no vayas a convencer a todos tus conocidos de que te sigan en tu próxima aventura por México, pero el hecho es que ya la estás planeando y ni las opiniones más alarmistas te van a hacer cambiar de opinión.

 

10. Tus planes a futuro podrían cambiar drásticamente

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Mientras paseas por las tranquilas calles de algún pueblito perdido en las montañas o por el malecón de alguna ciudad en las costas del Pacífico, llega la inevitable pregunta. ¿Y si me vengo a vivir aquí? No serás el primero en pensarlo ni tampoco el primero en tomar acciones al respecto. México es un destino popular para expatriados que quieren alejarse del barullo y las presiones de la vida cotidiana y emprender una nueva aventura en un lugar que se mueve a un ritmo distinto y donde todo es posible. Tú sabes si te animas.